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Mi Parashà – Gènesis 12:20

Este versículo representa el cierre de una etapa de prueba y la restauración del equilibrio divino. En él, el faraón ordena que Abram se marche con su esposa y todas sus posesiones, actuando como un instrumento de la corrección espiritual, gracias a la intervención divina que trajo plagas sobre su casa.

La palabra vayetzav (“ordenó”), cuyo valor gemátrico es 106 (ו = 6, י = 10, צ = 90), indica que la orden del faraón es más que una simple decisión política. Está cumpliendo un propósito mayor al realinear el equilibrio espiritual. El número 106 también sugiere que esta acción fue necesaria para traer claridad y poner fin al conflicto, un acto de autoridad, pero también de corrección y alineamiento con el orden divino.

El número 106 está vinculado a la claridad de propósito y a la acción que lleva a la resolución de un conflicto. En este caso, la orden del faraón restaura el equilibrio y permite que Abram y su familia se vayan en paz. Por ello, la expresión hombres, אֲנָשִׁים (Anashim), cuyo valor gemátrico es 401 (א = 1, נ = 50, ש = 300, י = 10, ם = 40), nos da la idea de la intervención humana para ejecutar una corrección divina.

El número 401 está relacionado con el concepto de “aleph” (א), que en la cábala simboliza el principio divino y la unidad. Esto sugiere que, aunque los hombres son humanos, están actuando como agentes de un plan mayor que asegura la paz y la restauración. La expresión enviaron, וַיְשַׁלְּחוּ (Vayeshal’chu), cuyo valor gemátrico es 354 (ו = 6, י = 10, ש = 300, ל = 30, ח = 8, ו = 6), tiene connotaciones de liberación o de dejar ir lo que ya no pertenece.

El número 354 está relacionado con el ciclo lunar, lo que sugiere que este envío marca el cierre de un ciclo y el comienzo de uno nuevo. Abram y su familia son liberados de Egipto para continuar con su misión espiritual. La expresión su esposa, אִשְׁתּוֹ (Ishto), cuyo valor gemátrico es 707 (א = 1, ש = 300, ת = 400, ו = 6), habla de la restauración de la relación sagrada entre Abram y Sarai.

El número 707 está vinculado a la idea de plenitud y cumplimiento, lo que sugiere que este momento marca la restauración del orden espiritual en su relación y en su viaje. De ahí que la frase todo lo que poseía, כָּל-אֲשֶׁר-לוֹ (Kol-asher lo), cuyo valor gemátrico es 611 (כ = 20, ל = 30, א = 1, ש = 300, ר = 200, ל = 30, ו = 6), el mismo valor de la palabra Torah (תורה), nos recuerda que todo lo que Abram posee está conectado con su misión espiritual y su relación con la revelación divina. Esto no se refiere solo a sus posesiones físicas, sino a todo lo que ha acumulado espiritualmente a lo largo de su viaje.

La Torah es el camino que guía a Abram, y este número nos recuerda que su viaje está alineado con el propósito divino de cumplir y transmitir la voluntad del Creador. Así, comprendemos que, después de una prueba o desafío, se nos da la oportunidad de restaurar el equilibrio y continuar con nuestra misión espiritual. Los ciclos de prueba son inevitables, pero también siempre hay una oportunidad para la corrección y la restauración del orden.

La importancia de “enviar” o “liberar” lo que no nos pertenece es una lección clave en este versículo. El faraón, al liberar a Abram y Sarai, corrige su error y restaura el equilibrio. En nuestras vidas, debemos estar dispuestos a dejar ir lo que no nos corresponde y a actuar en armonía con los principios espirituales. Todo lo que poseemos, tanto material como espiritualmente, está conectado con nuestro propósito divino. Cada posesión, cada relación y cada experiencia tiene un lugar en nuestro viaje espiritual. Es importante reconocer el valor de lo que acumulamos a lo largo de nuestro

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