
Mi Kabbala – Tamuz 16 – Sábado 12 de julio del 2025
¿Códigos?
El Texto de Textos nos revela en Cantares 8:6, “grábame como un sello sobre tu corazón; llévame como una marca sobre tu brazo. Fuerte es el amor, como la muerte, y tenaz la pasión, como el sepulcro. Como llama divina es el fuego ardiente del amor”.
Se cree que somos fruto del agua de vida que, al contaminarse del pecado, se hizo sangre. Sin embargo, ese código genético o ADN contiene esa información divina que alimenta nuestras moléculas y células, transmitiendo una decodificación específica para que a través de esos intercambios todo funcione coherentemente, retroalimentándonos así inconscientemente del Creador, al cual debemos integrarnos conscientemente. Esta lógica espiritual nos lleva a atender esos mandatos de la Palabra del Creador que están inscritos en cada partícula de nuestro ser, para que no perdamos el rumbo (דְּרָכַ֫יִם, Derek).
Contamos por ello con un hueso que nunca se deteriora, el mismo que según el Midrash (מדרש), contiene la información para nuestra resurrección, reconstruyendo parte de nuestro ser a partir de esa decodificación. Hueso de la resurrección que es indestructible, eterno, tanto que al colocarlo en dos piedras de molino y molerlo todo el día, este no se desgasta ni siquiera un poco. Incluso a quienes creman su cuerpo, este hueso no se les daña, quizá por ello le llaman también el hueso de hierro (בַּרְזֶל, barzel)
Todo nos llama a integrarnos al Creador a través de Su obra, y este pequeño hueso ubicado en el extremo superior cuello, al final de la espina dorsal por su forma de una nuez que sobresale en nuestra espalda nos reitera ello, su nombre en hebreo incluso es el de Luz (לוז, loz), lo cual nos revela esa nuestra esencia divina, la misma que nos llama a integrarnos a Él plenamente ya que Él es quien nutre nuestro ser no solo de los alimentos que ingerimos a diario, sino con Su aliento de vida, el cual nos sustenta: Palabra del Creador que moviliza el universo y que nos llena (Shabat o Havdalá) de Él.
Más allá de las visiones al respecto de este hueso, está claro que nuestro ADN contiene toda la información no solo física, mental e histórica de nuestra especie, sino también la espiritual divina. Esto nos denota que hay un diseño original. Sin embargo, obviando todas las creencias al respecto, no reconocemos que somos sus hijos y menos su plan salvador, fundamentado en el milagro de la resurrección, precepto que nos recuerda que aun siendo parte del polvo de la tierra (עָפָר, aphar), tenemos su esencia: información que cogobierna todas nuestras estructuras y le dan una razón de ser a nuestro existir.
Enoc (חֲנוֹך, Janokh) nos habla por ello, que estamos inscritos en el libro de la vida y que allí se encuentra ese eslabón divino que nos permite comprender que el Creador no solo nos formó de su Palabra, sino que inscribió esta tanto en el ADN como en nuestros huesos y en cada molécula de nuestro ser. Entendiendo que no la leeríamos, ni creeríamos en la Biblia, por lo cual necesitábamos de otras señales para comprender que resucitaremos y que Él nos dará un nuevo cuerpo, semejante al original. Incluso, ese cuerpo que se descompondrá en la tumba será reconstruido para que tengamos una nueva vida que, según ese microchip genético, conservará esa información que nos hace seres de Luz.
El Texto de Textos nos revela en Hebreos 9:27, “y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, 28 así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan”.
Oremos por la esperanza que tenemos grabada en nuestro propio ser.



