
Mi Parashá – Génesis 12:19
La Biblia nos presenta situaciones cotidianas, de esas que, aun con el paso de los años y los cambios de costumbres y creencias, se reiteran. Esto nos muestra que el pecado sigue afectándonos y llevándonos a actuar de manera equivocada, a pesar de que el Creador nos ofrece otras alternativas. El diálogo entre el faraón y Abram nos confronta incluso hoy, como fruto de nuestros engaños, donde solo el desconcierto prevalece ante la gravedad de las consecuencias de nuestras decisiones.
Así es como el faraón devuelve a Sarai a Abram y les pide que se vayan. La expresión dijiste, אָמַרְתָּ (Amarta), cuyo valor gemátrico es 641 (א = 1, מ = 40, ר = 200, ת = 400), nos recuerda que cada palabra que pronunciamos tiene un poder creativo, una manifestación de la realidad. El número 641 sugiere que las palabras tienen consecuencias, y en este contexto, el engaño de Abram respecto a Sarai desencadenó una serie de eventos que culminaron en el malentendido y las plagas.
El concepto de esposa, אִשָּׁה (Ishah), cuyo valor gemátrico es 306 (א = 1, ש = 300, ה = 5), nos indica que esa unión representa, para la creación, el complemento del hombre en su dimensión espiritual y física. Por lo tanto, la verdadera relación entre Abram y Sarai es sagrada, y el engaño comprometió esa conexión ante el faraón. Como resultado, él les pide que se vayan, קַח וָלֵךְ (Kach valech), cuyo valor gemátrico es 134 (ק = 100, ח = 8, ו = 6, ל = 30). El verbo קַח (tomar) simboliza la acción de llevar algo consigo, y en este caso, el faraón devuelve a Sarai, restaurando el orden.
El número 134 puede estar relacionado con la necesidad de liberar lo que no te pertenece, sugiriendo que el faraón está corrigiendo un error al devolver a Sarai a su lugar adecuado. Este es un momento de corrección y restauración, que representa un proceso de rectificación del orden espiritual.
El número 414, relacionado con achoti (“mi hermana”), también nos enseña que la verdadera protección debe basarse en la verdad, y que el equilibrio espiritual solo puede mantenerse cuando actuamos de manera alineada con los principios divinos. Por ello, debemos cuidar nuestras palabras, ya que tienen un poder inmenso para manifestar realidades, y cuando distorsionamos la verdad, creamos desequilibrios que deben ser corregidos.
El engaño de Abram, aunque motivado por el miedo, trajo consecuencias que afectaron tanto a él como al faraón. Esto también nos recuerda la importancia de reconocer nuestros errores y tomar medidas para corregirlos. Al devolver a Sarai, el faraón está restaurando el equilibrio y reconociendo que su acción fue incorrecta, aunque no intencionada. En nuestras vidas, debemos estar dispuestos a corregir nuestros errores y restaurar el orden cuando hemos actuado en desacuerdo con los principios espirituales.



