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Mi Parashà – Gènesis 14:2

Rápidamente, el conflicto desencadenó una guerra entre estos reyes de las ciudades de Sodoma, Gomorra, Admá, Zeboím y Bela, que, como hemos venido reflexionando, representan fuerzas o aspectos de la creación que están en conflicto, producto de la contracción divina que permitió nuestra creación, en donde la armonía celestial se interrumpe temporalmente debido a nuestro libre albedrío.

Bera (בֶּ֙רַע֙), de la raíz hebrea רע (ra), tiene un valor gemátrico de 272 y significa “mal”, lo que sugiere que el rey de Sodoma representa fuerzas de corrupción o maldad. Por su parte, Birsha (בִּרְשַׁ֖ע), de la raíz רשע (resha), con un valor de 573, que además de “maldad” significa “iniquidad”, refuerza esta idea de cómo esas fuerzas destructivas se alinean con nuestros libertinajes. A esto se suman expresiones como Shinab (שִׁנְאָ֕ב), שנא (sina), “odio”, con un valor de 363, y Shemeber (שֶׁמְאֵ֥בֶר), raíz עבר (ever, “más allá” o “cruzar”), con un valor de 543, lo que en conjunto nos da la idea del peligro de nuestra transgresión de límites, tanto físicos como morales.

Bera (בֶּרַע) — rey de Sodoma, compuesto por las letras ב (Bet), ר (Resh), ע (Ayin). Gematría: ב = 2, ר = 200, ע = 70, Total: 272.

בֶּרַע suena como “ברע” que en hebreo significa “mal” o “maldad”.

Sodoma, gobernada por Bera, simboliza la corrupción, el desequilibrio y la ausencia de luz espiritual. Desde la Cábala, Bera representa la fuerza de la “kelipá” (cáscara) que cubre y oscurece la luz espiritual con impulsos negativos y egoístas.

Birsha (בִּרְשָׁע) — rey de Gomorra. בִּרְשָׁע — letras ב (Bet), ר (Resh), ש (Shin), ע (Ayin). Gematría: ב = 2, ר = 200, ש = 300, ע = 70, Total: 572.

Birsha está relacionado con la raíz “רשע” (rasha), que significa “malvado”.

Gomorra representa un nivel más profundo de corrupción y destrucción moral. En la Cábala, simboliza la caída en las fuerzas del caos y el egoísmo desenfrenado.

Shinab (שִׁנְאָב) — rey de Admá. שִׁנְאָב — letras ש (Shin), נ (Nun), א (Alef), ב (Bet). Gematría: ש = 300, נ = 50, א = 1, ב = 2, Total: 353.

El nombre parece compuesto de “שנא” (sina), que significa “odio”, y “אב” (av), que significa “padre”. Podría interpretarse como “padre del odio” o “odioso”. Admá significa “tierra”, y en la Cábala esta región simboliza la densidad y la materia oscura que aleja el alma de su origen divino.

Shemeber (שֶׁמֶר) — rey de Zeboím. שֶׁמֶר — letras ש (Shin), מ (Mem), ר (Resh). Gematría: ש = 300, מ = 40, ר = 200, Total: 540.

“שמר” (Shamar) es un verbo que significa “guardar”, “proteger”. Sin embargo, en este contexto, Shemeber representa el lado oscuro que “guarda” o perpetúa la corrupción y el desequilibrio. Zeboím (literalmente “cabañas de ranas”) es un lugar de contaminación y decadencia espiritual.

Rey de Bela (בֶּלַע) — que es Zoar. בֶּלַע — letras ב (Bet), ל (Lamed), ע (Ayin). Gematría: ב = 2, ל = 30, ע = 70, Total: 102: “בֶּלַע” significa literalmente “devorar” o “tragar”. Zoar, como lugar de refugio, es el opuesto a las otras ciudades, pero su nombre sugiere peligro y consumo. En la Cábala, representa el ciclo de la destrucción por la cual pasa el alma antes de la purificación.

Estos reyes y ciudades simbolizan fuerzas negativas y energías espirituales destructivas: egoísmo, maldad, odio y corrupción. La guerra que libraron contra Abraham simboliza la lucha espiritual entre la luz (representada por Abraham y sus aliados) y las fuerzas de oscuridad y dispersión.

Es una lucha interna entre las energías negativas que forman parte de lo Creado y su armonía, pero que, fruto de nuestros desequilibrios, se convierten en fuerzas negativas, desafíos en nuestro camino espiritual, donde debemos reencontrar ese equilibrio para superar los efectos de esas influencias destructivas, siendo necesario el acercamiento a nuestro Creador.

El mismo rey de Gomorra encarna una fuerza de iniquidad o maldad especialmente poderosa; sin embargo, el valor más bajo de la expresion, Zoar nos denota que, aunque esta ciudad está implicada en el conflicto, al ser su energía menos intensa que la de las otras ciudades, ello le permitió escapar de la destrucción de Sodoma frente al juicio.

Nuestros conflictos no son de fuerzas materiales, aunque la representación de esos reyes y sus ciudades nos lleve a pensar lo contrario. Tienen un trasfondo espiritual, donde las energías negativas (maldad, odio, transgresión) están en constante lucha contra las fuerzas de la luz y el equilibrio, fruto de nuestro libre albedrío. Por lo tanto, tomar el camino espiritual representa no solo evitar el conflicto, sino intervenir y mediar cuando sea necesario para restablecer el orden divino.

La lucha entre estas fuerzas es una parte inevitable del crecimiento espiritual, y es nuestra responsabilidad, al igual que la de Abram, actuar con sabiduría y justicia para superar las influencias negativas, de modo que esos desafíos y energías destructivas que enfrentamos en nuestras vidas no nos desvíen del camino correcto, que implica restaurar el equilibrio divino.

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