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Mi Kabbala – Adar 28, 5786 – Martes 17 de marzo del 2026.

¿Denominaciones?

El Texto de Textos nos revela en Isaías 62:2, “Entonces verán las naciones tu justicia, y todos los reyes tu gloria, y te llamarán con un nombre nuevo, que la boca del Creador determinará”.

Las palabras en esencia tienen poder creador, de allí que cada nombres como denominador indique ello, siendo desde la antigüedad muy relevante ese llamado que nos habla no solo de nuestro carácter, de nuestra visión de vida, sino incluso de las obras que realizamos, seguramente por ello en algunos momentos, el mismo Creador le dio un nuevo nombre a quienes anhelaba cambiaran de perspectiva de vida, buscando se identificaran con esa misión, por ello Jacob (יַעֲקֹב, Yaaqob) como ejemplo, se llamó  Israel (יִשְרָאֵל), en la búsqueda que prevaleciera frente a las luchas de la vida. Lo que nos llama como creyentes a buscar como Èl nuestra tierra prometida.

Denominación que proviene de la palabra hebrea sharif (שרית), que literalmente significa luchar, ejercer influencia, prevalecer, pero que algunos estudiosos traducen más allá del término Yashar- El (ישר-אל) como recto, honesto, honorable, respetuoso (Yashar, יָשָׁר), lo que nos llama a ser personas justa y temerosas de los mandatos del Creador, luchando contra el pecado que nos tuerce (akov, עָקֹב֙) y que nos aleja de ese camino (הֶֽעָקֹב֙), siendo necesario que incluso reinterpretemos mejor esos mensajes, ya que sin el Creador y Su palabra no podemos vivir de forma recta, reconociendo que es Él quien puede reorientar nuestro rumbo torcido y desigual producto del pecado .

Toda letra, signo y por ende palabra tiene una fuerza que crea y en la que nos recreamos, lo que quiere decir que gracias a ellas le damos un sentido a nuestras coexistencias, de allí que como seres perdidos, sin rumbo definido, cuando no tenemos al Creador en nuestro corazón, fruto del pecado original, se hace más que necesaria su guía para acercarnos, logrando así dar en ese blanco u objetivo divino, lo que según esa raíz chet (חטא), indica que si seguimos equivocados, producto de esos errores y descuidos milenarios no alcanzaremos esos propósitos trascendentes que nos incitan a darle cumplimiento a las obligaciones del pacto hecho entre nuestro Padre Celestial y nosotros desde Abraham.

El pecado cual, si fuera una mancha (מְלַכְלֵךְ, melajlej), esta allí recalcando nuestros errores como humanos, pero a la vez está invitándonos a obtener ese remedio celestial, razón de peso para relacionarnos de mejor forma con el Creador, logrando mantenernos en Su misericordia y perdón, gracias no solo a que mejoramos nuestros comportamientos personales, sino a que por la fe en nuestro Señor Jesucristo estamos dispuestos a amarnos plenamente integrándonos así con todos y con el todo.

Gedeon (גִּדְעוֹן) paso de llamarse guerrero a Jerobaal (contendor de baal), denominación que como creyentes nos llama a asumir como hijos, la lucha para no solo creer en Él sino que le creemos a Él, lo que quiere decir que estamos dispuestos a dejarnos guiar por sus preceptos y mandatos, acogiéndonos a su misericordia por esa fe en nuestro Señor Jesucristo, reconociéndonos guiados por el Espíritu Santo para que nuestra alma ahora envuelta en un cuerpo físico pecaminoso, logre atender ese llamado que ilumina nuestro entendimiento hasta llevarnos voluntariamente a nuestra morada celestial eterna.  

El Texto de Textos nos revela en Apocalipsis 2:17, “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al vencedor le daré del maná escondido y le daré una piedrecita blanca, y grabado en la piedrecita un nombre nuevo, el cual nadie conoce sino aquel que lo recibe”.

Oremos para que atendamos el llamado del Creador con nuestro nuevo nombre.

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