
Mi Kabbala – Adar 27, 5786 – Lunes 16 de marzo del 2026.
¿Sepulcros?
El Texto de Textos nos revela en Génesis 5:5, “Y fueron todos los días que vivió Adán novecientos treinta años; y murió”.
Desde la caída del primer hombre; Adán, como ser de carne y hueso, se nos invita a que nos desarrollemos como seres humanos, lo que quiere decir que como descendientes de esta pareja, tendremos un proceso de crecimiento integral, que para este mundo finiquita con nuestra muerte, en donde antes de dejar este cuerpo debemos hacernos más conscientes de nuestras inconciencias de las cuales seremos juzgados, se trata de nacer de nuevo y volver a nuestro estadio original. Voluntad que debe armonizarse con nuestra fe en nuestro Señor Jesucristo, nuestro salvador y redentor (רָפָה, raphah).
No estamos aquí para ser servidos sino para servir, siguiendo ese ejemplo supremo de Él que dio su vida por nuestro rescate y quien como Segundo Adam (Ben Adam, בן אדם) nos muestra lo que significa ser Hijo del Padre, lo que le da a nuestra mortalidad un necesidad de trascendencia, la misma que implica que una transición del cuerpo, logrando que la reconexión de nuestra alma con el Espíritu, sea un proceso en el que debemos someternos conscientemente, por ende, antes de abandonar este plano debemos aceptar que es la dimensión ilusoria del pecado algo distinto de nuestra verdadera esencia.
Todos terminaremos algún día metidos en un sepulcro, por lo que la misma Biblia nos recuerda que como nuestros patriarcas al quedar enterrados, seremos llamados a la resurrección, es por ello que Abraham compró una cueva cerca de la ciudad de Hebrón como parcela de entierro familiar, Cueva de Majpela (מכפלה), que según la raíz: כפל, significa doble. Si, allí fueron enterrados Adán y Eva y otros seis patriarcas y matriarcas (Isaac junto a Rebeca y Jacobo junto a Lea), siendo ese el concepto primordial; entender que los muertos nos integraremos a la Creación en la resurrección.
Quiriat-arba, la ciudad de los cuatro, es uno de los títulos de Hebrón (חברון, amigo), y su cueva, por lo que es esta la primera propiedad legalmente adquirida por un israelita en tierras de Canaán, no para ser disfrutada en vida sino tras la muerte, proceso que para los creyentes implica entender que allí esperaremos nuestra resurrección como nos lo prometió nuestro segundo Adán, con lo cual se nos dice que nada en este mundo es al azar y que el Creador sigue guiándonos, pese a nuestras visiones mundanas, algunas sangrientas al respecto de nuestras relaciones, las cuales nos vislumbran siempre que volveremos a Él.
No se trata entonces de comprar sepulcros, sino de actuar conforme a los preceptos y mandatos divinos que se resumen en amar, vinculo a través del cual nos integramos y hermanamos en este lugar común; la tierra, a la cual devolveremos nuestro cuerpo que sirve de templo para ese proceso de reencuentro en donde nuestra alma abandona el cuerpo que vuelve al polvo de donde fue tomados para asumir su segundo nacimiento y renacer (יָלַד, yalad) luego de este proceso consciente de crecimiento y de vida.
El Texto de Textos nos revela en Hechos 7:15, “Así descendió Jacob a Egipto, donde murió él, y también nuestros padres; 16 los cuales fueron trasladados a Siquem, y puestos en el sepulcro que a precio de dinero compró Abraham de los hijos de Hamor en Siquem.
Oremos para que ese sepulcro temporal sea el paso de retorno a nuestra patria Celestial.



