
Mi Kabbala – Av 17, 5786 – Jueves 30 de Julio del 2026
¿Ver?
El Texto de Textos nos revela en II Reyes 6:17, “Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo”.
Andamos cual ciegos por este mundo, donde aun sospechando apartes de la realidad celestial, nuestras percepciones no nos permiten vislumbrar más que un reflejo de esa intensidad divina y Su luz la cual genera ello, lo que significa que podemos reconocer al Creador aun en esa oscuridad o velo que, nos lleva a interpretar a través de nuestros imaginarios una versión fragmentada de Él. Quizá por ello el profeta Elías a través de su siervo (גֵּיחֲזִי ,Guejazí) nos enseña que se debe abrir nuestros ojos para poder apreciar incluso esa protección celestial de la que no nos damos cuenta.
Cada versículo en los textos bíblicos nos recuerda que el Creador está con nosotros y nos liberará de la esclavitud tal como lo hizo con el pueblo de Israel, por lo tanto, no debemos dejar de orar, pidiéndole que ilumine nuestro entendimiento para que este nos permita reconocer su guía, irradiando esa fe en quienes nos acompañan, tal como nos lo proyecta el Texto de Textos cuando al siervo de Elías le abrieron sus ojos: pkáj (פְּקַח), mensaje que en su contexto nos invita a remover la falsedad de nuestras alucinaciones terrenales y dejar entrar esa única verdad.
Nuestra tarea diaria como creyentes implica comprender que, aunque nuestra visión física es limitada y depende en su pequeño espectro de los rayos de luz que podemos soportar, teniendo en cuenta la radiación del sol, esa ceguera se trasfiere a lo mental y anula lo espiritual, por lo que debemos abrir nuestras percepciones para que nuestro entendimiento supere esos imaginarios limitantes reprogramados milenariamente y gracias a nuestra fe, podamos releer lo capturado mucho más allá del mundo físico, posibilitándonos tener una perspectiva mayor sobre la vida y especialmente, sobre nuestros dilemas materiales que estrechan y limitan nuestra confianza (בִּטָּחוֹן, bitajón).
El Creador nos guía y responde a nuestras oraciones, pero espera que como el profeta, confiemos plenamente en Él y en sus propósitos, los cuales forman parte de un mundo diferente a este: limitado y finito, el cual es solo la primera etapa de crecimiento dentro de este plan infinito e ilimitado en el que Él nos creó. Así que muchos de nosotros, como sus siervos, debemos quitarnos ese velo (מִסְוֶה, misvé) que nos mantiene cegados y llenos de temores y conflictos, para que su luz ilumine nuestro entendimiento y se nos permita ver, como en aquel caso, que incluso en nosotros está el Espíritu Santo guiándonos.
Lectura sesgada espiritual que mejora con una adecuada dosis de fe, la cual debe iluminarnos especialmente frente a aquellas situaciones en que limitamos nuestra confianza a nuestras expectativas y estrechas realidades mercantiles, obviando, como creyentes, que existe una verdad eterna que podemos percibir ya y fruto de ella, obtenemos nuestra liberación del pecado (חירות, jerut), el mismo que coarta nuestra confianza, siendo necesario que despierte nuestra alma, permitiéndonos reconocer por fin todo desde nuestra esencia.
El Texto de Textos nos revela en Marcos 8:25, “Entonces Jesús puso otra vez las manos sobre sus ojos, y él miró fijamente y fue restaurado; y lo veía todo con claridad”.
Oremos para que el Creador abra nuestros ojos para aumentar nuestra fe.



