
Mi Kabbala – Jeshván 15, 5785 – Sábado 16 de noviembre del 2024.
¿Cielo?
El Texto de Textos nos revela en Jonás 2:2, “y dijo: en mi angustia clamé al Creador, y Él me respondió. Desde el seno del Seól pedí auxilio, y tú escuchaste mi voz”.
El cielo, שָׁמַיִם, shamaim, que nos acoge tiene varias dimensiones que no percibimos al vernos desde un solo espacio terrenal. En la secuencialidad de nuestros movimientos, surge la idea de un tiempo en el que se reproducen nuestros imaginarios, supuestos que ofrecen solo fragmentos de toda la realidad, una interpretación sesgada que no comprende ese más allá, así se especule sobre un infierno, purgatorio, seol o Hades, que asimilamos a castigo y desde el cual sospechamos la necesidad de corregir todo aquello que ya no lograremos una vez fallezcamos.
Nuestro Señor Jesucristo, por ello, nos reiteró como creyentes a través de sus parábolas la regla de oro de interpretación de las Escrituras: el amor, el cual, según el sabio Hilel, se presenta en siete fórmulas, del kal va-jómer, de menor a mayor, para comportarnos, sabiendo que “como es abajo, es arriba”, lo cual significa que nuestras múltiples circunstancias reflejan esa dimensión que, a través de la Biblia, se nos insinúa y que nos llama a ser cada vez más justos, serviciales y fraternales, buscando vivir como kal קַל, ligeros de equipaje, para trascender hacia lo celestial, escenario que requiere que nos integremos tanto a lo físico, lo mental como lo espiritual.
Interpretación, Jomer, guélem, גלם, de las Escrituras, que nos invita a medirnos según esos principios que, como creyentes, nos permiten replantear nuestros escenarios de vida para vivenciarlos con coherencia, logrando que nuestras interacciones cotidianas nos acerquen más al Creador y a su amor. Esto implica retroalimentarnos no ya con nuestros argumentos, sino con todos aquellos preceptos que nos cualifiquen como hijos del Creador, logrando que las circunstancias adversas o negativas cumplan ese propósito divino de desafiarnos para nuestro crecimiento.
Coexistimos en varias dimensiones que se nutren de esa energía o luz divina que se materializa en nuestro plano, pero que a su vez nos habla de otras dimensiones: la de la emanación, la de la creación, la de la formación y esta de la acción, las cuales nos incitan a ascender hacia ese ēden, גַּן־עֵדֶן, deleite, paraíso, gracias a esa fuerza generadora y creadora que debemos irradiar desde nuestras intenciones, las mismas que a la vez debemos corregir voluntariamente a través de nuestras vivencias terrenales, enmarcadas por el pecado en un mundo de ficción donde nos relacionamos a través de un lenguaje que reproduce imaginarios y alucinaciones.
José, יוֹסֵף Yōsef, “Él añadirá”, nos llama desde sus propias vivencias y sueños a trabajar conscientemente para acceder aquí y ahora a ese lugar de descanso eterno, aprovechando los insumos reflexivos de este escenario temporal terrenal que movilizan nuestra voluntad. Así, en vez de lamentar nuestros errores, los enmendamos acogidos a Su guía misericordiosa, la cual nos posibilita acceder a esas otras dimensiones a través de la fe, proceso de arrepentimiento que nos lleva a transitar todos estos escenarios, acogidos a Su voluntad.
El Texto de Textos nos revela en II de Juan 1:6, “y este es el amor, que andemos según sus mandamientos. Este es el mandamiento: que andéis en amor, como vosotros habéis oído desde el principio”.
Oremos para que en vez de purgar corrijamos en vida nuestros errores.



