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Mi Kabbala – Jeshván 21, 5786 – Miércoles 12 de noviembre del 2025

¿Elegidos?

El Texto de Textos nos revela en Deuteronomio 7:14, “bendito serás más que todos los pueblos; no habrá en ti varón ni hembra estéril, ni en tus ganados. 15 Y quitará el Creador de ti toda enfermedad; y todas las malas plagas de Egipto, que tú conoces, no las pondrá sobre ti, antes las pondrá sobre todos los que te aborrecieren. 16 Y consumirás a todos los pueblos que te da Jehová tu Creador; no los perdonará tu ojo, ni servirás a sus dioses, porque te será tropiezo”.

Nuestras intenciones (kavaná, כוונה) nos denotan el fluir de esa dimensión mental plagada de deseos los cuales se manifiestan como chispas de luz e ideas, producto de nuestro lenguaje, consolidando con ello una realidad que nos envuelve con sus anhelos y expectativas, las mismas que coaccionan nuestras decisiones, propuesta que nos lleva a replantear estas para elegir el ser guiados por nuestro Padre Celestial a través de Su palabra, ya que como Su pueblo, hijos y por ende hermanos nacidos de esa estirpe tenemos un propósito en donde Él desea sacarnos de esa caverna oscura esclavizante.

Nuestra elección implica por lo tanto, asumir con fidelidad sus mandatos, superando aquella negligencia milenaria que gracias a su encarnación en nuestro Señor Jesucristo nos permite ser realmente libres de esa inconsciencia que encuentra difícil entender el cómo nuestro Creador se dejó clavar en una cruz y todo lo que ello significa, propósito existencial que como llamado nos permite a través del Espíritu Santo, que Su haz de luz nos saque de ese abismo (t’hóm, תהום) profundo en el que caímos y que desde Adán parece dominarnos al punto que no nos posibilita percibirlo pese a que está en todo y en todos.

Como descendientes de esa estirpe, desde Noé; Sem (Shem, שֵׁם), Cam (Jam, חָם) y Jafet (Yáfet, יֶפֶת), se nos llama a tomar decisiones distintas alejándonos de esas visiones engañosas, para acoger su amorosa invitación que clama como el mismo universo para que le atendamos y abandonemos ese modelo de pensamiento egoísta que solo genera caos y conflicto, pensamiento que nos envuelve y parece impedir nuestra transformación, la cual, para los creyentes implica aceptarle como redentor, resignificando nuestra visión de vida, reconociéndonos voluntariamente como hijos obedientes y útiles a Su obra.

Como elegidos por el Creador, debemos acoger su salvación mediante la fe, dando lo mejor de nosotros mismos a través de roles complementarios para que ese propósito divino que significa nuestra predestinación nos lleve a sumarnos a Su voluntad por lo cual, cada uno de nosotros es quien decide si le acepta o si por el contrario sigue dependiendo de la suerte (mazel tov, מזל טוב), ignorando ese plan celestial cuyo fin es salvarnos gracias a un proceso terrenal temporal que nos da la oportunidad de conocernos y reconocernos en Él, para el cual se requiere que nuestras expresiones cotidianas sean guiadas por Su palabra.

Es imposible agradar al Creador, por perfectas que consideremos nuestras obras, si no tenemos la fe necesaria para aceptar su voz y llamado, ese en donde Él nos reitera que, sin Él, no podemos salir de la esclavitud del pecado y de la muerte (mavet, מָ֫וֶת), pues ese libre albedrío que se nos otorgó requiere de la guía de Su voluntad, la cual se circunscribe en Su palabra, la misma que debe orientar y motivar nuestra realidad y que por ende necesita que replanteemos ese modelo de vida que hoy nos alucina y aísla.

El Texto de Textos nos revela en I de Juan 1:9, “si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. 10 Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros”.

Oremos para saber que el Creador eligió escogernos también.

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