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Mi Parashà – Gènesis 17:1

Abram tenía 99 años cuando Dios se le apareció. Este número es simbólico, ya que está cerca del 100, que representa la completitud y la perfección. La aparición del Creador en este momento de la vida de Abram marca el inicio de una nueva etapa, un momento en el que él se prepara para recibir la promesa del pacto divino.

Los números cercanos a la completitud sugieren un proceso de refinamiento y transformación que está a punto de culminar. El nombre del Creador en este caso es Shaddai (אֵ֣ל שַׁדַּ֔י), uno de los nombres divinos que se asocia con el poder y la protección, y que transmite la idea de límite o control, ya que se dice que este nombre representa la fuerza del Creador para poner límites al caos en la creación.

Este nombre sugiere que el Creador está reafirmando Su control sobre el destino de Abram y Su capacidad de protegerlo y guiarlo hacia el cumplimiento de la promesa. El Shaddai también se interpreta como “El que es suficiente”, lo que refleja la idea de que Él provee todo lo necesario. Por ello, la instrucción: “Camina delante de mí y sé íntegro” es significativa. Tamim (תָמִֽים) significa vivir de manera consciente, con una constante sensación de la presencia divina.

Ser tamim implica una perfección moral y espiritual, un estado en el que el individuo está en completa alineación con la voluntad divina. La integridad no es solo la ausencia de errores, sino la totalidad del ser, en mente, cuerpo y alma, entregado a Dios. El número 99 es el resultado de 9 multiplicado por 11, donde el 9 está relacionado con la sefirá de Yesod (fundación), y el 11 está vinculado a lo que trasciende el sistema normal de las sefirot (ya que hay 10 sefirot).

En este sentido, la edad de Abram puede representar una etapa de preparación para una transformación completa que pronto llegará con el pacto y el cambio de nombre que el Creador le otorgará en los próximos versículos. Como creyentes, igualmente debemos buscar nuestra integridad y la relación cercana con Él siguiendo sus instrucciones que están en Su palabra, siendo conscientes de que Él nos guía y de que, por ende, percibimos esa presencia divina.

Él nos acompaña no solo en los momentos de oración, sino en cada acción diaria. Ser tamim o íntegro implica un estado de pureza y perfección al que debemos aspirar en nuestras vidas. En la cábala, este camino hacia la integridad no es un destino inmediato, sino un proceso de crecimiento y refinamiento espiritual que continúa a lo largo de nuestras vidas.

El nombre El Shaddai también nos recuerda que Él es suficiente, y que, cuando confiamos plenamente en Su guía y protección, podemos encontrar la paz y la seguridad necesarias para enfrentar los desafíos y transformaciones de la vida. El hecho de que Abram tenga 99 años en este momento sugiere que nunca es demasiado tarde para la transformación espiritual y para profundizar nuestra relación con el Creador.

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