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Mi Kabbala – Jeshván 22, 5785 – Sábado 23 de noviembre del 2024.

¿Predicamos?

El Texto de Textos nos revela en Jeremías 48:28, “Abandonad las ciudades y habitad en peñascos, oh moradores de Moab, y sed como la paloma que hace nido en la boca de la caverna”.

Jonás nos reitera la importancia de obedecer al Creador y a sus mandatos, reorientando nuestras intenciones. Se trata de ser luz, ejemplificando con nuestra fe ante los incrédulos. Este testimonio debe ir más allá de lo verbal y manifestarse a través de nuestro servicio fraternal hacia aquellos que no comprenden los propósitos de esta existencia. De lo contrario, el inmenso pez de la muerte nos devorará, impidiéndonos renacer y ser como aquella paloma, יונה (iona), que continúa su vuelo con el mensaje pacificador y redentor, simbolizando al Espíritu Santo que hoy nos guía.

La predicación se asemeja a una gota, להטיף, que lentamente cae sobre la roca, recordándonos que son esas pequeñas intenciones las que renuevan nuestros pensamientos y los convierten en decisiones enfocadas en el plan del Creador. Este proceso terrenal de vida nos otorga enseñanzas para que, desde nuestros nidos, nos atrevamos a salir de la cueva de nuestros pecados. En lugar de seguir gimiendo con quejas y reclamos, debemos orar y alabarle como verdaderos mensajeros de esperanza, dedicando nuestras vivencias a Él.

El Tanaj, קֹהֶ֣לֶת (Qohéleth), al igual que el Eclesiastés, nos incita a congregarnos para pasar de la lamentación y el desenfreno de Nínive al arrepentimiento de nuestros pecados. Esta tarea, al igual que para Jonás, nos obliga a no despreciar a quienes consideramos que merecen los castigos más fuertes, pues todos recibimos inicialmente la misericordia divina. De ahí la importancia de instar a aquellos que creemos que no actúan conforme a los preceptos y mandatos divinos, para que, de nuestra mano, asuman ese arrepentimiento que nos llama a corregir nuestras incoherencias y a sumar nuestras serviciales intenciones.

Como palomas mensajeras, debemos llevar esperanza y paz a nuestros entornos, tal como, desde Noé, se nos muestra siendo parte del arca, תֵבָה (tevá), para movilizar Su palabra con mensajes de compasión, reconciliación y purificación. Así, asumimos el llamado divino que se nos transmite de diversas formas, incluso a través de todo lo que naturalmente nos rodea. Esto nos convoca a aprender y a cambiar nuestra actitud contraria a lo que el Creador nos invita, dejando de atribuirle los efectos de nuestros propios errores y desaciertos.

Todos los profetas, נָבִיא (nabí), nos han comunicado el mismo mensaje, aunque algunas personas persistan en sesgar sus lecturas con interpretaciones egoístas. Como creyentes, estamos llamados a predicar ese mensaje esperanzador de salvación que nos legó nuestro Señor Jesucristo, alejándonos de los reclamos y motivando con palabras fraternales a aquellos que, en momentos de oscuridad y encierro, fruto de sufrimientos mentales e incoherencias, no encuentran el camino. Este mensaje nos invita a utilizar cada vez mejor el conocimiento que el Creador nos entrega a través de su Palabra.

El Texto de Textos nos revela en Mateo 4:17, “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”.

Oremos para que nuestros lamentos sean por la misericordia divina y no de quejas y reclamos.

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