
Mi Kabbala – Jeshván 8, 5786 – Jueves 30 de octubre del 2025.
¿Obedecer?
El Texto de Textos nos revela en Deuteronomio 6:4, “Oye, Israel: Jehová nuestro Creador, Jehová uno es. 5 Y amarás a Jehová tu Creador de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. 6 Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; 7 y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes”.
Las bendiciones (Berajot , ברכות) que mal asemejamos a premios, solo nos recuerdan que Él quiere lo mejor para nosotros, por ello nos da Su guía y cuidado, esperando eso si que actuemos conforme a sus preceptos, los mismos que nos llaman a corregir nuestros errores los cuales generan errores que mal leemos como castigos cuando estos solo pretenden que corrijamos nuestro libre albedrío asumiendo nuestra incapacidad para cogobernarnos, dejando que intenciones y deseos egoístas sean los que nos dominen coloreando incluso estos como bendiciones terrenales, que solo promueven más egoísmos.
Aunque en nuestras oraciones clamemos por Su guía, lo cierto es que buscamos manipularle obviando que nuestro corazón y alma están confundidos al proyectar actos en donde en vez de compartir, competimos, quizá por ello se nos llama a oír (Shemá, שְׁמַע), reconociendo así que somos guiados Su palabra y no por nuestros ruidos caóticos que leemos como exitosos, cuando estos solo nos mantienen distraídos en búsquedas egocéntricas que nos llevan a obviar que no existe mayor bendición que escucharle y vivir conforme a sus mandatos, Fe que nos reitera que todo lo que nos sucede en el día a día está orientado en pro de nuestro crecimiento integral.
Al escuchar Su Palabra y dejarnos guiar por esos preceptos evitamos continuar bajo la influencia de la desobediencia que nació en el Jardín del Edén al alimentarnos de los frutos del árbol del conocimiento, cuando teníamos los del Árbol de la Vida: de nuestro Señor Jesucristo, quien nos llama a no escondernos más como hicieron Adán y Eva al oír (vaishmeu) Su voz y en lugar de eso, Él nos invita a confiar plenamente: a amarle, lo cual se traduce en obedecerle y volver a nutrirnos de esos sus frutos (פֶּ֫רִי) que son los que nos permiten obviar esa oscuridad, desorden y caos del pecado.
La desobediencia produce miedo (yare, ירא), un temor que difiere del respeto reverencial y profundo que inspira nuestro Creador y que, por lo que en lugar de alejarnos, debemos es llenarnos de confianza y paz, alimentándonos y guiándonos con Su Luz, la misma que evita esas falsas ilusiones y búsquedas mercantiles con las cuales solo continuamos ofendiéndole cada vez más, idolatrando cosas, personas y situaciones que poco tienen que ver con Su Divinidad y Su guía amorosa.
No olvidemos que así como el profeta Elías (אֵלִיָּהו, ēliyahū) temió ser asesinado por Jezabel y huyó, dejando de confiar plenamente en el Creador, nosotros al dejar de escucharle, orando por Su guía, terminamos incumpliendo ese gran mandato de amar a nuestros próximos, nuestras vidas y, sobre todo, al Creador por encima de todas las cosas, acción cotidiana que nos permite corregir nuestros deseos, obedeciendo y acercándonos a Su presencia, ya que constantemente nos contaminamos con los frutos del árbol del conocimiento del bien y del mal, que solo retroalimenta nuestros deseos egocéntricos.
El Texto de Textos nos revela en Juan 14:23, “le contestó Jesús: —El que me ama, obedecerá mi palabra, y mi Padre lo amará, y haremos nuestra morada en Él”.
Oremos para obedecerle y así demostrarle nuestro abnegado amor.



