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Mi Parasha – Génesis 16:4

Este versículo describe la culminación de la unión entre Abram y Agar, y el resultado inmediato: la concepción. En la cábala, la concepción no solo es vista como un acto biológico, sino también como la manifestación de energías espirituales. Agar, al concebir rápidamente, representa la rapidez con la que los actos humanos, tanto positivos como negativos, pueden generar resultados en el mundo físico.

La palabra hebrea utilizada para “desprecio” (וַתֵּקַ֥ל, vatekal) proviene de la raíz קלל, que significa “ligero” o “despreciar”. Esto puede interpretarse como una señal de que Agar se sentía superior a Sarai al haber logrado lo que su señora no podía: concebir. Desde la perspectiva cabalística, esta actitud refleja un desequilibrio en el flujo de las energías, donde el ego se apodera de la situación, generando tensión y conflicto.

Este versículo, el cuarto del capítulo 16, está relacionado con el número cuatro. En la gematría, el número 4 está asociado con la estabilidad y los cuatro elementos de la creación (fuego, aire, agua y tierra), así como con los cuatro niveles de interpretación de la Torá (Peshat, Remez, Drash y Sod). Sin embargo, aquí parece indicar una ruptura en esa estabilidad, al evidenciarse el conflicto entre Agar y Sarai.

Lo cual nos enseña sobre la fragilidad de las relaciones humanas, especialmente cuando el ego y el orgullo interfieren. Desde la perspectiva cabalística, se nos recuerda que todo acto tiene una consecuencia energética, y las actitudes de desprecio o arrogancia desbalancean las energías tanto a nivel individual como colectivo, siendo necesario reflexionar sobre nuestras propias interacciones. Esto sugiere que, para crecer espiritualmente, debemos mantener el equilibrio y evitar la influencia del ego que puede llevar al conflicto y la separación.

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