Back

Mi Kabbala – Kislev 24, 5786 – Domingo 14 de diciembre del 2025

¿Renacemos?

El Texto de Textos nos revela en Jeremías 10:1, “Oíd la palabra que Jehová ha hablado sobre vosotros, oh casa de Israel. Así dijo Jehová: No aprendáis el camino de las naciones, ni de las señales del cielo tengáis temor, aunque las naciones las teman. Porque las costumbres de los pueblos son vanidad; porque leño del bosque cortaron, obra de manos de artífice con buril”.

Palabras como Lehivaled (עִברִית: nacer) que procede del concepto LeiDá, nos dan la idea de nuestra esencia: gen que contiene toda la información divina para con esos intercambios reproducir esta, la misma que nos posibilita el interactuar y a la vez procrear, multiplicando esa Luz, la cual debe llenar este oscuro espacio terrenal contraído, que se generó para que pudiésemos coexistir, lo que significa que estamos llamados por Su palabra, a reintegrarnos a ese fluir armónico a través de esta Su obra.

Intercambios moleculares que nos muestran además un renacimiento constante, siendo el cielo (שָׁמַיִם‎, šāmayīm) nuestro objetivo, sin embargo Él mismo tuvo que humanarse para que atendiéramos sus señales, las cuales como revelaciones diarias nos proyectan ese camino de retorno, que no percibimos debido a nuestra ceguera, enfatizando búsquedas en el pecado, alucinaciones egocéntricas que nos distraen, evitando que nos reconozcamos como partes integrales de Él, siendo necesario que nos concienticemos de todo lo que ello significa durante nuestro corto proceso de vida terrenal.

Cada niño (Yeled, ילד) que nace nos llama a celebrar, que un alma más tiene la posibilidad de iniciar ese proceso vital, constituyéndose ello en la mejor forma de encontrar más y nuevos motivos para unirnos fraternalmente y a partir de ello, asumir una serie de actividades y responsabilidades que se traducen en sabernos Luz, parte integral  de Él y por ende, en reconocernos como Sus hijos, Ser que nos permite a la vez ser padres para que entendamos como Él esa necesidad de amar, proceso que renueva nuestra mente, palabras y pensamientos para pasar de ese ser material, al espiritual.

Se trata de engendrar (יָלַד, yalad), de nacer de nuevo (yivvaled ish milma’ǝlah), tal y como nos lo planteó nuestro Señor Jesucristo, lo cual implica el conmemorar, ojala a diario, dicha posibilidad celestial que dio su inicio con un acto de amor, ese que Él tuvo para con nosotros al hacernos a Su imagen, lo cual va mucho más allá de nuestras costumbres de percibirnos como creyentes, atados a tradiciones, para enfocarnos ya no en esos ideales paganos que todavía siguen confundiéndonos con sus campanas, velas y decoraciones y proceder a adorarle únicamente a Él distanciándonos así de tantas deidades que nos esclavizan.

Nicodemo (νικη, victoria) como hombre de fe, nos llama a que cada día nos permitamos mirarnos como un milagro, ya que Él mismo nos otorgó la oportunidad para renacer y proclamarle como nuestro Salvador y por lo tanto, convertirlo en la razón de ser de nuestras vidas, celebrando a Su lado que somos Luz, para iluminar las oscuridades de este mundo que tanto nos sofoca con ritos y mitos, esos que nos confunden más y más, lo que quiere decir que a partir de ese renacimiento la esencia de su mensaje, no solo implica el amarnos los unos a los otros sino también el aceptar y recibir la vida eterna aquí y ahora por fe.

El Texto de Textos nos revela en Juan 1:1, “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con el Creador. Este era en el principio con el Creador. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres”.

Oremos para que Jesús nazca y renazca en nuestro ser.

Leave A Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *