
Mi Kabbala – Kislev 4, 5786 – Lunes 24 de noviembre del 2025
¿Conocer?
El Texto de Textos nos revela en Jeremías 33:3, “Clama a mí y te responderé, y te daré a conocer cosas grandes y ocultas que tú no sabes.”
El termino conocer (נָכַר, Nakar) nos llama a dirigirnos hacia adentro, reconectándonos con su Haz de Luz para iluminar nuestro entendimiento, el mismo que le da a nuestras percepciones una información a través de la cual razón y emociones una interpretación de la realidad, lo que nos llama a revisar no solo nuestras vivencias sino el sentido trascendente de esos conceptos, alineándonos conscientemente a Su voluntad, logrando así que nuestras intenciones vibren con ese deseo divino de unidad, lógica celestial que hace que fluyamos gracias a las chispas de luz de Su palabra.
Todo conocimiento debe despertar esa conciencia para poder visionar esa otra realidad celestial, que resplandece gracias a esos signos lingüísticos divinos que le dan a nuestro diario trasegar nuevas luces para que sea Su sabiduría (יָדַע, yada), la que nos llene de esa confianza, la misma que nos permite actuar de forma correcta gracias a que tomamos decisiones conforme a Su guía, esa que nos induce a dar de lo mejor de nuestros dones y habilidades, aportando a nuestras interacciones e interrelaciones de Su amor dejando así de llenarnos de esas confusiones producto de nuestras sesgadas interpretaciones.
El Nivel Biná (בינה) o del Entendimiento, tercera Sefirot del Árbol de la Vida, situada en lo alto de la columna izquierda de ella, nos invita a alcanzar a través de esos procesos cotidianos racionales innatos, una idea coherente y plena de nuestra esencia divina para que así el lado izquierdo de nuestro cerebro, donde funciona la razón, se integre con el lóbulo derecho de la creatividad, reorganizando aquellos pensamientos que le deben dar nuevos sentidos a todo, recrearnos en lo que somos: seres espirituales, hijos del Creador.
Es por ello que Abdías (עֹבַדְיָה, ʿŌḇaḏyā) en su testimonio de vida nos llama a servir y ser útiles a Su obra, atributo que direcciona nuestra razón y emociones hacia un estado de perfección que se denota a medida que crecemos en prudencia, paciencia, contentamiento, sapiencia y lógicamente un temor reverencial hacia el Creador, para que así nuestra conciencia nos lleve a actuar con respeto, admiración y sumisión hacia Su voluntad, colocando siempre todo nuestro buen juicio en pro de Su guía, la cual le da sentido a cada relación, logrando con ello que aportemos al mundo en vez de seguirnos apartando de Él.
Cada conocimiento debe permitirnos el reconocernos como hijos del Creador, denotándonos esos propósitos celestiales que debemos asumir de forma integral, dejando que sea nuestra mente pecaminosa egoísta la que con su limitado lenguaje nos llene de dudas al no comprender lo infinito de sus expresiones originales, siendo necesario que razón y corazón se articulen fruto de sus destellos, revistiéndonos de fe, logrando gracias a ella asumir esas verdades divinas esenciales para nuestra trascendencia, las mismas que parten de este mundo (Olam, עוֹלָם) de las desinformaciones, el cual conlleva el propósito de aclarar nuestras mentes, elevarnos, superando nuestro estado caído.
El Texto de Textos nos revela en II de Corintios 10:3, “pues aunque vivimos en el mundo, no libramos batallas como lo hace el mundo”.
Oremos para que entendamos lo que significa ser hijos del Creador y usemos todos nuestros dones en pro de reintegrarnos a Él a través de Su obra.



