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Mi Kabbala – Tamuz 14 – Lunes 29 de Junio del 2026

¿Códigos?

El Texto de Textos nos revela en Cantares 8:6, “grábame como un sello sobre tu corazón; llévame como una marca sobre tu brazo. Fuerte es el amor, como la muerte, y tenaz la pasión, como el sepulcro. Como llama divina es el fuego ardiente del amor”.

Es difícil comprender que somos fruto del agua de vida que, al contaminarse del pecado, se hizo sangre. Código genético o ADN que contiene la información divina que alimenta nuestras moléculas y células, transmitiendo una decodificación específica para que a través de esos intercambios todo funcione coherentemente, retroalimentándonos así inconscientemente Su esencia, a la cual debemos integrarnos conscientemente. Lógica espiritual que nos llama a atender los mandatos de la Palabra del Creador que están inscritos en cada partícula de nuestro ser, para que no perdamos el rumbo (דְּרָכַ֫יִם, Derek).

Contamos por ello con un hueso que nunca se deteriora, el mismo que según el Midrash (מדרש‎), contiene la información que nos hace eternos. Estructura que reconstruirá parte de nuestro ser a partir de esa decodificación. Hueso de la resurrección que es indestructible, eterno, tanto, que al colocarlo en dos piedras de molino incluso todo el día, no se desgasta ni siquiera un poco. Por ello quienes creman su cuerpo, deben entender que esa parte en el fuego no se daña, quizá por ello le llaman también el hueso de hierro (בַּרְזֶל, barzel)

Todo nos habla de integrarnos al Creador a través de Su obra, y este pequeño hueso ubicado en el extremo superior del cuello, al final de la espina dorsal, por su forma de una nuez que sobresale en nuestra espalda nos reitera ello. Su nombre en hebreo incluso es el de Luz (לוז, loz), lo cual nos revela esa nuestra esencia divina, la misma que nos incita a integrarnos a Él plenamente, ya que es quien nutre nuestro ser, no solo de los alimentos que ingerimos a diario, sino con Su aliento de vida, el cual nos sustenta: Palabra del Creador que moviliza el universo y que nos llena (Shabat o Havdalá) de Él.

Cada parte de nuestro ser contiene ese ADN en donde se encuentra toda la información no solo física, mental e histórica de nuestra especie, sino también la espiritual divina. Y ello nos denota que hay un diseño original. Sin embargo, obviando todas las creencias al respecto, no reconocemos que somos sus hijos y menos su plan salvador, proceso fundamentado en el milagro de la resurrección. Preceptos que nos recuerdan que aun siendo parte del polvo de la tierra (עָפָר, aphar), tenemos su esencia: decodificación que cogobierna todas nuestras estructuras y le da una razón de ser a nuestro existir.

Enoc (חֲנוֹך, Janokh) nos habla por ello, que estamos inscritos en el libro de la vida y que allí se encuentra ese eslabón divino que nos permite comprender que el Creador no solo nos formó de su Palabra, sino que inscribió esta en el ADN y en cada uno de nuestros huesos y en cada molécula de nuestro ser. Entendiendo que no la leeríamos, ni creeríamos en la Biblia, por lo cual necesitábamos de otras señales para comprender que resucitaremos y que Él nos dará un nuevo cuerpo, semejante al original. Si, ese cuerpo que se descompondrá en la tumba será reconstruido para que tengamos una nueva vida que, según ese microchip genético, conserva esa información ya que somos seres de Luz.

El Texto de Textos nos revela en Hebreos 9:27, “y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, 28 así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan”.

Oremos por la esperanza que tenemos grabada en nuestro propio ser.

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