
Mi Kabbala – Tevet 28, 5785 – Lunes 27 de enero del 2025
¿Promesas?
El Texto de Textos nos revela en Joel 2:31, “y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo. 31 El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová. 32 Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo; porque en el monte de Sion y en Jerusalén habrá salvación, como ha dicho Jehová, y entre el remanente al cual él habrá llamado”.
El concepto de Olám, עוֹלָם, puede hacer referencia a mundo o a la misma eternidad, así que aunque nuestras creencias nos llevan a fijarnos en el mundo terrenal, está claro que como creyentes pese a nuestras costumbres paganizadas, debemos proyectarnos más que en el futuro incierto, en la eternidad, idea que nos propone reconsiderar incluso nuestros planes y metas mundanas otorgándole al presente, eterno, unas nuevas motivaciones gracias a vislumbrar en ese aquí y en ese ahora, otro tipo de realidades, más trascendentes, siendo dentro de ellas el amor nuestra principal búsqueda gracias a esa perspectiva divina.
Volver al Pardés, jardín del Edén, גינה, o huerto, es quizá la mejor meta que nos podemos fijar a diario, lo que implica que nuestros propósitos deben llevarnos a amar más, siendo ese nuestro mayor anhelo permitiéndonos el retornar a Su lado ya, obviando así todas esas creencias romanas que nos llevaron a invocar todo tipo de deidades para alcanzar proyectos materiales que intentamos consolidar como creyentes distrayéndonos de los propósitos trascendentes que solo les podemos construir bajo esos otros criterios espirituales enfocándonos así en verdaderas transformaciones.
Las promesas, La´arov, לַעֲרֹב, del Creador están allí para garantizarnos que esa predestinación para retornar, solo se logra si esos sueños terrenales que visionamos como ideales se articulan a esa búsqueda de trascendencia la cual no desdice de nuestros diarios planes pero si necesita nos enfoquemos menos en esos deseos terrenales y más en intenciones que nos lleven a adorar y alabar al Creador y no, a ese sin número de alucinaciones que como el dinero nos aíslan de nuestra esencia y por ende de esa orientación que implica anhelar volver a nuestro Edén.
Nuestros días están contados gracias a ese tiempo terrenal, עֵת, eth, que siendo ilusorio nos ciega de la eternidad, lo que quiere decir que nuestros instantes, semanas, meses o años que trascurren mentalmente, deben llevarnos hacia esa meta trascendente,, que debemos consolidar a través de nuestros pequeños actos y lógicamente gracias a continuas vivencias conscientes que le den un verdadero sentido a nuestras cotidianidades para que al final de este proceso terrenal estemos integrados al Creador a través de Su obra.
Ismael, יִשְׁמָעֵאל, Yišhmāʻēl, nos recuerda que el Creador nos escucha y que aunque nos parece que la Creación nos presenta dos caras, en donde una tiene que ver con aprender a amar desde lo espiritual y la otra desde lo material, nuestra trascendencia se encuentra en trasegar en dicho armonía fijando nuestros desafíos en esa promesa que como pacto nos lleva a obedecerle en pro de sabernos a Su lado, de lo contrario desperdiciamos cada instante que Él nos brinda y que contienen esa oportunidad para dejarnos guiar por Su Santo Espíritu y palabra en el único camino que existe de retorno: la fe.
El Texto de Textos nos revela en Hechos 2:32, “a este Jesús resucitó el Creador, de lo cual todos nosotros somos testigos. 33 Así que, exaltado por la diestra del Creador, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís”.
Oremos para que podamos cumplir con tantas promesas sueltas.



