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Mi Parashá – Génesis 6:15

Cada signo, letra, palabra, concepto, en fin, mensaje divino de la Biblia nos aporta, con sus chispas de luz, insumos importantes para nuestra transformación y crecimiento integral. Sin embargo, en ocasiones no queremos leer, entender y menos atender esas señales, y por el contrario, asumimos frente a esas líneas de Su palabra reflexiones críticas incoherentes que solo denotan que preferimos perpetuarnos en nuestra ignorancia.

El hecho de que algunos textos no seamos capaces de ajustarlos a nuestros contextos no desmerece su valor. Por el contrario, los números y las medidas especificadas, más allá de traducirse como datos técnicos sin mayor sentido, son insinuaciones profundas que nos indican, a través de la longitud de trescientos codos (שְׁלֹשׁ מֵאוֹת אַמָּה), la expansión y un mayor alcance para esos propósitos divinos.

El número 300, en particular, está asociado con la letra hebrea “ש” (Shin), que simboliza el fuego y la transformación, lo que nos sugiere que el proceso de purificación a través del arca requiere que pasemos por pruebas en las que no seremos quemados ni sufriremos daño, entre otras cosas porque nuestra esencia espiritual es eterna y nuestro paso por la tierra es temporal. Esto indica que nuestra muerte, sea hoy o mañana, está suscrita a este abrir y cerrar de ojos frente a la eternidad.

Por su parte, la anchura de cincuenta codos (חֲמִשִּׁים אַמָּה), que está relacionada con la letra “נ” (Nun), cuyo valor numérico es 50, al hablarnos de libertad y redención, nos indica que todas esas pruebas deben arrancarnos de la esclavitud del pecado, lo que además significa nuestra redención. Así, la altura de treinta codos (שְׁלֹשִׁים אַמָּה), que está asociada con la letra “ל” (Lamed), nos habla de asumir esos aprendizajes y enseñanzas de tal manera que sean para nuestro crecimiento.

Poder profundizar y analizar desde una nueva perspectiva estos conceptos, aprovechando insumos de la cábala, la gematría, pero sobre todo la guía del Espíritu Santo, gracias a la oración, nos permite resignificar no solo el sentido de algunas expresiones y sus conceptos, sino también darnos otro tipo de explicaciones que, gracias a esos valores numéricos y las asociaciones que ellos nos generan con otros términos al escudriñar Su Palabra, nos enseñan que, por ejemplo, “Shelosh me’ot” (trescientos) es 300, y nos habla de enfocarnos en la protección e integridad tanto de nuestro ser como de nuestros entornos.

El concepto de “Jamishim” (cincuenta), que a menudo se asocia con el jubileo o liberación, nos da la idea de que el arca no solo es un refugio físico, sino también un símbolo de liberación espiritual, ya que “Shloshim” (treinta), al ser visto como un llamado a la madurez espiritual y la finalización de un ciclo de aprendizaje, se suma a todas las demás indicaciones para mostrarnos que, aunque en el caso de Noé este arca de madera debía tener estas medidas precisas, para las nuevas generaciones estas medidas además debían significar un nuevo modelo de vida.

Al reflexionar sobre la precisión y el detalle en la creación de nuestra propia “arca” espiritual, podemos darnos cuenta de que cada partícula de la creación, así como cada aspecto de nuestras vidas, es importante, siendo necesario que, así como hemos tenido en cuenta las medidas del arca, nos ocupemos cuidadosamente de revisar las pequeñas intenciones de nuestras vidas, las mismas que se convierten en deseos, emociones, palabras y grandes actos que afectan nuestras interrelaciones.

Alinearnos con la voluntad divina implica asumir la longitud, anchura y altura que debe tener nuestra arca espiritual, una vasija, si así se le quiere entender, que debe alcanzar las diferentes dimensiones que el Creador nos propone para que nuestras coexistencias mantengan esa conexión con lo divino (longitud), una armonía con los demás (anchura) y un crecimiento interno y espiritual permanente (altura). Las medidas precisas que el Creador nos recomienda no son arbitrarias, sino que están diseñadas para crear ese refugio espiritual que nos protege y nos guía en nuestro viaje por la vida.

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