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Mi Kabbala – Tevet 6, 5785 – Domingo 5 de enero del 2025

¿Adorar?

El Texto de Textos nos revela en II de Crónicas 7:15, “Ahora estarán abiertos mis ojos y atentos mis oídos a la oración en este lugar; 16 porque ahora he elegido y santificado esta casa, para que esté en ella mi nombre para siempre; y mis ojos y mi corazón estarán ahí para siempre. 17 Y si tú anduvieres delante de mí como anduvo David tu padre, e hicieres todas las cosas que yo te he mandado, y guardares mis estatutos y mis decretos, 18 yo confirmaré el trono de tu reino, como pacté con David tu padre, diciendo: No te faltará varón que gobierne en Israel”.

La humildad implica el sentimos parte de la tierra ya que ella es nuestra esencia material, polvo de estrellas que no desdice de nuestra esencia espiritual que conforma todo lo creado lo que nos llama a sabernos parte haciéndonos útiles a esta Su obra, crecimiento, que poco atendemos por estar distraídos en nuestras alucinaciones y distorsiones con respecto a conflictos egocéntricos que han llenado de disputas nuestras historias de vida, sin razón de ser que hace que incluso esa tierra prometida celestial nos lleve a adorar, shajah שָחָָה, e idolatrar a quienes ni siquiera existen.

La insinuación divina sigue siendo con sus llamados a regresar al estado perfecto del que nos habla el ritmo de nuestro corazón, lo que quiere decir buscar esa nueva Jerusalén en donde podremos alabar de mil formas al único Creador, sin que sea necesario aferrarnos a espacios terrenales que tal como nos lo explico nuestro Señor Jesucristo están allí simplemente para denotarnos lo distanciados que queremos estar de Él por lo que debemos reconectarnos desde nuestro ser interior hasta consolidar esa tierra en paz y armonía debido a que aportamos de lo mejor de nosotros al purificarnos, tahor, טָהוֹר.

La palabra Israel, ישׂראל, se compone de: Isra, directo mientras ÉL hace referencia al mismo Creador, lo que nos proyecta el mirar hacia Él, invitación no solo para un pueblo heredero de la promesa de Abraham sino para nosotros los creyentes, para que a diario enfoquemos nuestras vidas directo hacia el Creador. Desde esta mirada Jerusalén como ciudad simboliza un estado de perfección o meta, lo que deberíamos traducir como un objetivo para llegar al Creador a través de la búsqueda diaria de vivir en un estado perfecto entre todos nosotros los seres humanos gracias al amor como próximos.

Bajo esa misma lectura debemos aceptar que el templo como centro de oración y encuentro con el mismo Creador, implica ese estado perfecto de amor bajo el cual todos debemos convivir. Visión para reafirmar que nuestro cuerpo es templo de Su Espíritu, en pro de fijar nuestro ser hacia Él, retornando así a ese estado perfecto del que nos separamos voluntariamente por retroalimentarnos del conocimiento del bien y del mal, lo cual nos distrae materialmente en nuestro ego que nos aleja de esa Su guía misericordiosa, rajem, quizá por ello la palabra, rejem, רחם, útero, nos reitera que debemos nacer de nuevo.

Malaquías, מַלְאָכִי, como profeta nos dice a través de sus mensajes que pese a las destrucciones y reconstrucciones tanto del templo, como de esa ciudad santa, que provocaron todo tipo de zozobras, su tercera reconstrucción nos llama a sentirnos más cercanos al Creador, para lo cual los creyentes solo debemos visionar esa nueva Jerusalén no en lo terrenal, sino en nuestra morada celestial final, proceso de acercamiento que inicia en nuestros templos corporales y corazones al fraternizar y servirle a diario.

El Texto de Textos nos revela en Apocalipsis 21:3, “Oí una potente voz que provenía del trono y decía: «¡Aquí, entre los seres humanos, está la morada del Creador! Él acampará en medio de ellos, y ellos serán su pueblo; el Creador mismo estará con ellos y será su Señor y Creador”.

Oremos para que esa tierra nueva empiece a florecer desde nuestros corazones.

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