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Mi Kabbala – Tishrei 10, 5786 – Jueves 2 de octubre del 2025. 

Fiestas?          

El Texto de Textos nos revela en Zacarias 8:19, “Así dice el SEÑOR de los ejércitos: El ayuno del cuarto mes, el ayuno del quinto, el ayuno del séptimo y el ayuno del décimo se convertirán para la casa de Judá en gozo, alegría y fiestas alegres. Amad, pues, la verdad y la paz.”

Los seres humanos celebramos ciclos, estaciones y tiempos, que como Tishrei nos invitan a una introspección profunda, más allá de rezos o ritos religiosos, lo que no desdice de estos, que reorientan nuestras decisiones para elevarnos y reconectarnos con nuestro Creador, cumpliendo eso sí con los mandatos que en ese camino simbolizan la búsqueda consciente de alcanzar de Su sabiduría, sabiéndonos útiles a Su obra, lo que se refleja en amar a nuestro prójimo y a nosotros mismos, colocando a Dios por encima de todo, para que así sea el Espíritu Santo quien nos guíe, lo que implica que cada fiesta (mo’ed, מועד) sea una oportunidad de degustar del presente, de dicha estación.

La palabra mo’adim (מוֹעֵד), plural de mo’ed, nos reitera que el Creador hizo las luminarias de los cielos no solo para marcar dichos ciclos terrenales, sino para reorientarnos a través de sus posiciones, proponiéndonos así transformaciones (mishná, מִשְׁנָה) en pro de transformar nuestras intenciones y prioridades gracias a que comprendemos que en todo Él se nos revela, es por ello, que las siete grandes fiestas judías y todas nuestras  demás conmemoraciones son recordatorios de cómo iluminar nuestro entendimiento para vincularnos con Él a través de esos caminos sefiriticos que nos acercan a Su Divinidad.

El arrepentimiento y el perdón, fruto de una oración consciente son instrumentos para conducirnos hacia esa corrección diaria, por ello al celebrar cualquier festividad, como la de las trompetas (Yom Teruá, יוֹם תְּרוּעָה) el llamado gracias al sonido del shofar (cuerno de carnero) es a reconquistar nuestro ser, en esa batalla espiritual diaria que debemos enfrentar a cada instante en pro de liberarnos de nuestro pecado egoísta, el mismo que nos afecta y que pare vencer requiere de la ayuda de nuestro Padre Celestial.

El shofar (שופר) con su llamado nos incita a reconocer que tendremos un juicio venidero y que Su llamado al conmemorar algunas fechas es a vernos al final de nuestros tiempos terrenales a Su lado para lo cual, como lo vislumbró el mismo Daniel, debemos percibirnos con Cristo a la derecha de nuestro Padre Celestial, quien nos guía a través del Espíritu Santo para ser parte en segunda venida de ese Su reino, acompañando así a los ángeles quienes desde aquí y ahora anuncian a los cuatro vientos de Su presencia eterna.

Celebremos que Él venció a ese gran rival espiritual: la muerte, que nos rescató, salvándonos de las garras del pecado, haciéndonos saber que somos hijos del Creador y por ende, tenemos otro destino: uno que nos espera a Su lado, en el nuevo Cielo, en donde como elegidos, se nos arrebatara hacia esa eternidad en donde podremos celebrar a cada instante con Él, así que desde ahora tenemos la oportunidad constante de presentarnos en oración ante Su deidad, implorando Su perdón y guía, antes de que llegue aquel juicio (yasár, יָסַר), que determinará otro destino para todos aquellos que no le reconocieron y que usaron dichas festividades para embriagarse y alejarse aún más de Él.

El Texto de Textos nos revela en Mateo 22:2, “El reino de los cielos puede compararse a un rey que hizo un banquete de bodas para su hijo. Y envió a sus siervos a llamar a los que habían sido invitados a las bodas, pero no quisieron venir”.

Oremos para que todas nuestras celebraciones sean para denotarle gratitud.

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