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Mi Kabbala – Tishrei 11, 5786 – Viernes 3 de octubre 2025.            

¿Perdón?

El Texto de Textos nos revela en II de Crónicas 7:14, “Si mi pueblo, que lleva mi nombre, se humilla y ora, y me busca y abandona su mala conducta, yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré su pecado y restauraré su tierra”.

El perdón (slijah, סְלִיחָה) más que un sentimiento contiene una motivación hacia nuestro arrepentimiento, el cual debemos homologar a la misericordia divina en pro de corregir nuestros actos reconociéndonos pecadores, seres que erramos a diario, más si no contamos con la iluminación del Espíritu Santo quien es la Luz que nos guía para reorientar nuestras intenciones hacia esa nueva conciencia, la misma que nos llama a vibrar acorde a la armonía del fluir amoroso de nuestro Padre Celestial.

Yesod (יסוד), como la novena sefirá, situada bajo Hod y Netsaj y encima de Maljut, se revela como fundamento de esa base espiritual que contiene como acto procreador esa visión de vida que nos lleva a dar vida, siendo por ello necesario un proceso de formación (yetzer) para alejarnos de ese impulso maligno (ietzer Hará) que nos esclaviza a causa del pecado, alejamiento que necesita de Su misericordia, llamado para que revisemos cuidadosamente nuestras intenciones y deseos, ya que de ellos se deriva posteriormente todos esos pensamientos, palabras y actos incoherentes e incorrectos.

La teshuvá (תשובה), entendida como retorno, significa esa invitación a examinar nuestros comportamientos diarios, identificando cuáles deben ser transformados en ese camino de vida que implica reintegrarnos a Él a través de nuestra pureza espiritual, la cual se alcanza únicamente al actuar conforme a los mandatos del Creador, proceso que nos conduce a una verdadera conexión que, al igual que la sexual nos integra para generar vida, arrepintiéndonos del “pecado de la muerte”, ese que afecta nuestro cuerpo y minimiza nuestros dones, interacciones e interrelaciones, siendo indispensable acogernos al plan de nuestro Salvador para poder reparar ese daño causado por nuestra lejanía.

Como clamo: Lashón HaRá (לשון הרע), implica entender que las ideas, actos y ese lenguaje negativo que nos contamina debe ser transformados, ya que dichas expresiones no solo nos hieren sino que también afectan a los demás. La misma Halajá (ley judía) nos invita a vivir en armonía con la Palabra del Creador, para evitar prolongar el daño del pecado y superar nuestra negligencia al no aceptarlo, se trata de confesar y pedir perdón a través de plegarias como el Majzor ArtScroll de Yom Kipur, o la Ashamnu o la Al Jet, revisándonos, confesando, enmendando: acogiéndonos a la misericordia divina.

José (יוסף, Yôsef), cuyo nombre significa “él añadirá” o “proveerá”, uno de los hijos de Jacob, es quizá el mejor ejemplo de perdón, en pro de irrigar esas enseñanzas en nuestros hermanos, proceso que nos lleva a mantenernos firmes en el compromiso de entender el error propio y el de los demás, para luego transformar esos hábitos mundanos gracias al amor del Creador, tarea que nos incita a cuidarnos de todo aquello que pensamos, decimos y hacemos, procurando siempre al examinarnos a diario, que la bondad del Creador y Su Palabra sean las que cogobiernen nuestros actos y guíen nuestras coexistencias, tal como nuestro Salvador Jesucristo nos enseñó.

El Texto de Textos nos revela en Efesios 4:32, “Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo”.

Oremos para que reconocer y corregir nuestros errores.

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