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Mi Kabbala – Tishrei 19, 5785 – Lunes 21 de octubre del 2024

¿Misterios?

El Texto de Textos nos revela en Ezequiel 2:7, “Les hablarás, pues, mis palabras, escuchen o dejen de escuchar; porque son muy rebeldes”.

La cábala y la gematría, tras muchos años de estudio, nos hablan de las sefirot (ספירות) o emanaciones, diez atributos a través de los cuales el Ein Sof, el Infinito, se revela a sí mismo y crea continuamente tanto el reino físico como la cadena de los reinos superiores. Es el movimiento del rayo o haz de luz que, al vibrar, activa los polos energéticos generando nuestras dimensiones de vida, que se soportan en tres pilares: el derecho, que encarna la misericordia; el izquierdo, más pasivo, que simboliza el rigor; y uno central, el del equilibrio. Estos principios o esplendores ocultos le otorgan a nuestra voluntad el equilibrio necesario para que podamos reconocernos en Él desde este escenario contraído y caótico.

Esta es la estructura básica de nuestras vidas, que, al desentrañarse, nos presenta a la divinidad a través de sus atributos o arquetipos. Por ello, esos pilares y sus diez manifestaciones nos proyectan otra realidad de la cual tan solo percibimos un reflejo. Kéter (כתר), la corona, sefirá situada en la cúspide del Árbol, es la representación del Creador; en Jojmá (חכמה), Su sabiduría; en Biná (בינה), nuestro entendimiento; en Jésed (חסד), Su misericordia; en Guevurá (גבורה), Él es nuestra fortaleza; en Tiféret (תפארת), lo bello está en Él; en Netsaj (נצח), nuestra victoria es la eternidad; en Hod (הוד), Su esplendor nos guía; en Yesod (יסוד), todo se fundamenta en Él; y en Maljut (מלכות), Su reino es nuestra morada. De allí que necesitamos guiarnos por los signos semánticos de Su Palabra.

Todo nos habla del Creador y de nuestra necesidad de Él. Por ello, nuestro proceso de vida nos lleva a recorrer esos senderos o caminos, oraj (ארַַח), veintidós, según los eruditos, los cuales son esos signos lingüísticos que, como ramas de las sefirot, analógicamente nos proyectan ese todo iluminado gracias a sus combinaciones, como el alfabeto hebreo. Luces que, con sus chispas, nos guían para retornar al Edén, lo que para nosotros los creyentes requiere de mucha oración y de la guía del Espíritu Santo para que esa iluminación se traduzca en reconocernos en Él a través de nuestra fe.

Somos parte de esa esencia divina que nos revela el verdadero sentido de trascendencia de nuestras existencias. Para ello, nuestro Señor Jesucristo rompió dicho velo o pargod (פרגוד), cortina cósmica que significa el primer estado de manifestación, que en las sefirot se reconoce como Kéter. A partir de allí se ordenan las otras nueve esferas o emanaciones, las cuales se complementan de diferentes formas, reproduciendo esa estructura jerárquica que nos guía hacia nuestro destino final, al reconocernos como Sus hijos.

Miqueas (מִיכָה, Mijá) nos llama a buscar conocer más cada día del Creador y a confiar en Él, entendiendo que nuestro lenguaje limitado y finito nos mantiene presos de esta dimensión caída, alejados del Creador. Sin embargo, Él se nos revela poco a poco, siendo la oración nuestro mejor canal de comunicación, el mismo que nos permite reconocernos como parte de ese Árbol de la Vida. Con sus sefirot y sus senderos, este árbol demarca nuestros aprendizajes para que crezcamos a Su lado, nutriéndonos de Su amor, que nos reorienta y nos conduce a nuestro destino final celestial.

El Texto de Textos nos revela en Hechos 1:9, “Habiendo dicho esto, mientras ellos lo miraban, fue llevado a las alturas hasta que una nube lo ocultó de su vista.

Oremos para comprender mejor el amor de nuestro Creador. 

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