
Mi Kabbala – Tishrei 22, 5786 – Martes 14 de octubre del 2025
¿Sueño?
El Texto de Textos nos revela en Genesis 2:21, “Entonces el Señor Creador hizo caer un sueño profundo sobre el hombre, y este se durmió; y el Creador tomó una de sus costillas, y cerró la carne en ese lugar”.
Nuestra alma proviene del Creador, y estamos hechos de Su esencia: a Su imagen y semejanza, lo que genera un deseo de recibir (lekabel, קבלה), egoísmo que se magnifica en lo material ante la fragmentación generada por Su contracción, anhelo que debemos reorientar para que no sea el ego del pecado, quien disfrazado de orgullo nos aleje aún más de Él, siendo necesario el aportarle a Su obra a través de nuestros dones, servicio fraternal que nos llama a otorgar, a dar en este mundo de la acción y la ficción que es el escenario ideal para escalar en ese proceso a través del cual escogemos entre la dimensión de la muerte, desconectándonos de Él o unirnos a Su plan.
Reconexión cotidiana lenta que nos hace conscientes de todas esas inconsciencias que nos sofocan debido al pecado, iluminación que se logra a través del amor, al vincularnos con el Creador a través de esta Su obra, transformación que nos lleva a superar ese deseo que nos confunde y orienta hacia nuestra verdadera fuente de vida: el Haz de Luz del Creador, hilo conductor que nos denota que la muerte física no es la opción final, ni su juicio (צֶ֫דֶק, tsedeq) ya que ese sueño profundo solo nos llama a tomar nuestro libre albedrío como esencia y redimirnos, reincorporarnos a Su propósito redentor.
Su sabiduría nos dio miles de instantes activos durante el día, pero a la vez ese sueño o “muerte menor” (mavet, מָוֶת), como la llaman algunos ortodoxos, denotándonos como cada despertar nos ofrece una nueva oportunidad para crecer, por ende cada despertar dentro de este eterno presente, nos lleva a una suma tempo espacial de pensamientos, palabras y acciones que deben alinearse a Su palabra o de lo contrario esos sueños nos quitaran la posibilidad de elevarnos, atados a nuestra naturaleza pecaminosa.
Esta dimensión de sueños e ilusiones nos limita, pero también nos permite un crecimiento lumínico consciente, al reconocer al Creador, buscándolo hasta vencer ese deseo egoísta natural de solo recibir, lo que implica que cada uno de los cuatro mundos o dimensiones, que sintetizan nuestros planos de vida para alcanzar la divinidad (Atziluth, עוֹלָם), nos llaman a formarnos espiritualmente a trascender como criaturas vivientes, más allá de este firmamento que nos condiciona, cortina o velo que oculta la comprensión del trono de Zafiro en el Mundo de la Creación, donde está Su verdad.
Daniel (mishpat, משפט, “juez”) como ser justo, nos enseña a través de la interpretación de algunos sueños, la importancia de comprender que nuestro cuerpo físico necesita descansar para restaurarse, armonizando así físico, lo mental y lo espiritual, por ello, en la medida en que despertamos nuestra creatividad y trascendemos, la percepción sesgada por nuestros sentidos y emociones, nos proyecta que somos partes del Mundo Divino, y que debemos reconocernos como hijos del Creador, en cada una de las esferas de los cuatro aspectos en los que cohabitamos. No obstante, nuestra comprensión es limitada por estar enfocados en la ficción de la ilusión (אשליה, ashlayá)
El Texto de Textos nos revela en Lucas 16:22, “Y sucedió que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico y fue sepultado. En el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio a Abraham a lo lejos, y a Lázaro en su seno”.
Oremos para despertar del sueño de este mundo a la eternidad de la vida.



