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Mi Parashá – Génesis 15:8

A diario tenemos cuestionamientos, que no debemos confundir con dudas. Es por ello que la profunda pregunta de Abram a nuestro Creador nos permite comprender que, ante la ansiedad e impaciencia que surgen frente a sus promesas, debemos simplemente confiar, ya que Él, en su momento, nos reconfirmará y garantizará todo lo que significa heredar la tierra prometida.

No podemos negar que la incertidumbre nos gobierna y nos hace querer buscar certezas perceptibles a través de nuestros esfuerzos. Sin embargo, aunque todos los seres humanos experimentemos ese estrés por no ajustarnos a los tiempos divinos, se trata de confiar en su plan mayor.

La palabra “eda” (אֵדַע), que significa “sabré”, tiene un valor gemátrico de 75 (álef = 1, dálet = 4, ayin = 70), lo cual está relacionado con la idea de proceso y aprendizaje. Esto nos sugiere que nuestros “saberes” no están limitados al conocimiento mental, sino que son parte de un proceso de descubrimiento que requiere tiempo y experiencia para reconocernos en Él.

La fe no siempre se acompaña de pruebas tangibles inmediatas; más bien, el verdadero “saber” proviene de recorrer nuestros 22 senderos de esta vida y de ver cómo las promesas divinas se cumplen a lo largo del tiempo. Por eso, la palabra “poseeré” (אִירָשֶׁנָּה, irashenna), con un valor de 511, nos da la idea de una posesión espiritual, en la cual no se trata solo de heredar una tierra física, sino de alcanzar un lugar espiritual de plenitud y propósito.

En este contexto, la pregunta de Abram podría interpretarse como: “¿Cómo sabré que alcanzaré el propósito espiritual que me has prometido?”. Desde la perspectiva de la cábala, este versículo muestra la vulnerabilidad de la condición humana. Aunque Abram es un hombre de fe, no está exento de dudas. Esta pregunta refleja el profundo deseo humano de asegurar que sus esfuerzos y creencias serán recompensados.

La duda no es necesariamente negativa, ya que puede formar parte del proceso de crecimiento espiritual. Debemos buscar, a través de nuestros cuestionamientos, cómo profundizar nuestra relación con lo divino. Aunque Abram busca una señal tangible, la verdadera posesión de la tierra no es solo física, sino espiritual. La tierra prometida, al igual que en los versículos anteriores, simboliza algo más grande: el cumplimiento del propósito divino en nuestras vidas.

Este versículo nos ofrece una valiosa enseñanza sobre el proceso de la fe y el deseo de confirmación que todos experimentamos en nuestras vidas. A veces, incluso cuando confiamos en un camino, queremos pruebas tangibles de que estamos en la dirección correcta. Abram, a pesar de su gran fe, también tiene esa necesidad humana de seguridad, lo que nos recuerda que es natural dudar y preguntar.

Este versículo también nos enseña a aceptar la incertidumbre. Aunque buscamos señales claras en nuestras vidas, muchas veces no recibimos respuestas inmediatas. En esos momentos, la fe nos llama a confiar en el proceso, sabiendo que la certeza vendrá con el tiempo y la experiencia. Las promesas de Dios no siempre se cumplen de manera inmediata, pero la paciencia y la confianza nos permiten verlas manifestarse a su debido tiempo.

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