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Mi Kabbala – Tishrei 23, 5786 – Miércoles 15 de octubre del 2025.

¿Imaginarios?

El Texto de Textos nos revela en Génesis 2:8, “Y plantó el SEÑOR Dios un huerto hacia el oriente, en Edén; y puso allí al hombre que había formado”.

Fuimos creados a través de Su palabra (לברוא, levará) la misma que mal usamos nosotros para construir nuestra realidad, obviando que en nuestra boca Él sopló Su aliento para que el polvo de nuestro cuerpo cobrará vida, vibración que deberíamos armonizar con nuestras expresiones al recrearnos en Su obra para que ese fluir energético que genera imaginarios a través de nuestra capacidad mental use dichos signos, símbolos y alucinaciones para percibir con mayor claridad sus manifestaciones y revelaciones, las mismas que nos hablan de Sus propósitos esos que anhelan nos integremos con Él para los cual nos dotó de una serie de habilidades que debemos colocar al servicio de dicha causa.

Nuestro universo simbólico (Notaricón, נוטריקון), desde la movilidad de esas letras y números cual acrósticos reinterpreta y da un sentido a lo que supone percibir por lo que alejados de Èl traducimos esa sensación en temor (yirá, יראה) obviando su Plan trascendente que implica que en este proceso de vida nos hagamos conscientes de nuestras inconsciencias, transformando todas esas desinformaciones hasta que nuestras facultades: voluntad, intelecto, sentimiento y conciencia en conjunción, nos permitan acogernos a Su sabiduría a través de nuestra dialéctica.

Su palabra, pilar central del equilibrio del Árbol de la Vida y sus sefirot, nos denotan esa necesaria armonía mediante la cual podemos valorar de mejor forma nuestra interrelaciones e interacciones, ayudándonos además a comprender las distintas dimensiones por las que transitamos en pro de unirnos con esa raíz, a ese tronco común, a nuestras ramas filogenéticas: Árbol (Etz, עץ) que refleja el por las etapas de nuestro crecimiento: llamar, crecer, formar y hacer, iluminándonos a través de los cuatro elementos primordiales del Cosmos: fuego, aire, agua y tierra, que materializan Su narración.

Creamos una realidad en pro de reconectarnos con Él, de allí la importancia de usarla para alabarle y agradecerle, bendiciendo, pero sobre todo omitiendo aquellas expresiones que tendrán ramificaciones y consecuencias no solo físicas sino también espirituales en el todo. Maljut (מלכות), como sefirah, nos recuerda que desconocer esos efectos receptivos de dichas chispas de luz y cerrar nuestro entendimiento a nuestras decisiones no solo afecta nuestro mundo imaginario, sino que esa energía asciende a otros mundos, nublando aún más nuestra conciencia e infectándonos con la oscuridad terrenal.

José (יוֹסֵף, Yoséf: Él añadirá) nos recuerda desde su testimonio de vida, que nuestra estructura espiritual, tanto como la física, como la mental, requiere nutrirse de Su palabra para que podamos crecer lumínicamente, conscientemente, proceso indispensable que nos permite vislumbrar desde todas las áreas de nuestras coexistencias la tarea de corregir nuestro lenguaje distorsionado e imaginarios, enfocándonos en sus emanaciones (sefirot), las cuales correlacionan todo, especialmente nuestra anatomía psicoespiritual y física en pro que desde esos espejos reconozcamos nuestra esencia y replantemos nuestras metas, priorizando nuestra integración con Él a través de Su obra.

El Texto de Textos nos revela en Apocalipsis 22:2, “Y a cada lado del río estaba el árbol de la vida, que produce doce clases de fruto, dando su fruto cada mes; y las hojas del árbol eran para sanidad de las naciones”.

Oremos para que entendamos el cómo el Creador se nos manifiesta. 

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