
Mi Parashá – Génesis 15:9
El Creador instruye a Abram para que realice una ofrenda compuesta por varios animales, cada uno de ellos con un simbolismo profundo. La becerra de tres años, עֶגְלָה (eglá), cuyo valor gemátrico es 108, representa la pureza como ofrenda personal, ya que el becerro o la becerra simbolizan un sacrificio total entregado al Creador.
No es coincidencia que nuestro Señor Jesucristo se presente como el cordero del Creador que quita el pecado del mundo. Este sacrificio nos señala la disposición que debemos tener, al igual que Abram, para seguir el plan divino y mantenernos en una entrega espiritual necesaria en nuestro viaje hacia la tierra prometida.
Desde esa perspectiva, el número tres (משולש – meshulash), mencionado varias veces, está vinculado con la armonía y el balance. Representa la unión de tres fuerzas: el dar, el recibir y el equilibrio entre ambas. Esto sugiere que, al pedir el Creador animales de tres años, nos está ofreciendo una analogía sobre la importancia de mantener una relación equilibrada en el pacto que estaba por hacer con Abram.
La palabra carnero, אַיִל (ayil), con un valor gemátrico de 111, refleja la unidad a la que se nos llama. Este concepto simboliza fuerza y liderazgo, sugiriendo que debemos estar preparados para una misión mayor. Esta ofrenda es parte de ese camino. Así, este versículo puede entenderse como un pacto y conexión no solo entre Abram y el Creador, sino también entre nosotros y Dios. Nos llama a comprometernos espiritualmente con Él, más allá de los sacrificios rituales de animales.
La instrucción del Creador para traer estos animales muestra que lo que está en juego es un pacto más profundo que solo el mundo físico. Se trata de la armonía espiritual que debe alcanzarse entre el ser humano y lo divino. El número tres es clave para entender ese equilibrio y totalidad, interconectándonos con lo espiritual desde lo físico, mientras caminamos hacia la promesa divina.
Los animales sacrificados representan diferentes aspectos de la ofrenda espiritual de Abram: la becerra (pureza), la cabra (resistencia), el carnero (fuerza) y las aves (libertad y trascendencia). Todos estos elementos juntos forman un pacto completo entre el Creador y Abram, llamándonos a reflexionar sobre la importancia de los rituales y compromisos en nuestras vidas.
Los sacrificios mencionados aquí no deben entenderse simplemente como actos físicos, sino como una representación de compromisos profundos que hacemos en nuestra vida espiritual. Cada animal y el número tres subrayan el equilibrio y la totalidad que debemos buscar cuando nos comprometemos con algo importante, ya sea con Dios, con nuestros seres queridos o con nuestros propios objetivos.
Todo sacrificio implica una entrega y un compromiso espiritual. En nuestra vida diaria, esto podría reflejarse en los esfuerzos que hacemos para alcanzar nuestras metas o mantener nuestras relaciones. Así que debemos buscar una armonía interna entre nuestras acciones, pensamientos y emociones. Los diferentes animales representan aspectos de nuestra personalidad y capacidades: la fuerza, la resistencia, la pureza y la libertad. Para crecer espiritualmente, necesitamos ofrecer todo lo que somos, encontrar el equilibrio entre esas partes de nosotros mismos y alinear nuestras acciones con nuestro propósito más elevado.



