
Mi Kabbala – Tishrei 3, 5785 – Miércoles 25 de septiembre del 2025.
¿Entendimiento?
El Texto de Textos nos revela en Proverbios 2:5, “porque el Señor da la sabiduría; conocimiento y ciencia brotan de sus labios”.
Nuestras palabras contienen una decodificación espiritual, en donde cada signo lingüístico nos proyecta una imagen que representa un objeto que ubicamos en un espacio, realidad fragmentada que tomamos de las revelaciones divinas que a través de las chispas de Luz de Su palabra iluminan nuestros senderos en pro de volver a nuestro estado original nutriéndonos así del Árbol de la Vida, Sefirot (ספירות) que nos brindan la posibilidad de reconocernos, alejándonos de esas interpretaciones limitadas de nuestros lenguajes, las mismas que nos generan ideas alucinantes que nos llenan de distractores egoístas que simplemente nos alejan más y más de Él.
Nuestra alma interpreta esa realidad compartida a través de ese lenguaje alejado de Su Palabra, el cual solo reproduce un imaginario egoísta siendo necesario que a través de Su Espíritu nos reconectemos con Él mediante la oración, escenario que nos ofrece sus destellos para iluminar esas nuestras oscuridades, las mismas que se magnificaron para la humanidad luego de la confusión de las lenguas de Babel (בבל), en donde se nos incitó a transformar nuestro lenguaje, para poder releer los mensajes divinos en esas nuestras mentes alucinantes que necesitan ser guiadas por Él.
Somos producto de esa narración, de esa Palabra del Creador, entendiéndola como energía de vida que le otorga movimiento al universo mismo, lo cual deber motivarnos a comprender que cada letra y palabra (bereshit, בְּרֵאשִׁית) nos proyecta algo más que una idea para nuestra cabeza (rosh, ראש). Son señales divinas para reorientarnos y podamos reencontrarnos con Él a través de nuestro diario proceso de vida, plan que nos creó y en el que nos recreamos por ser a Su imagen, asi hoy estemos esclavos de nuestras mentes, razón de peso para llenar con Su Luz y Palabra nuestro ser, corazón y vidas.
Su Palabra (demut, דמות) contiene por lo tanto, desde Adán (אדם), esas manifestaciones que reconocemos hasta en nuestra sangre (dam, דם), ADN que se contaminó al desobedecer en el Jardín del Edén, profanando esa semejanza divina y desatando una confusión que reprodujo el pecado en todo nuestro linaje, la cual sin embargo aun nos permite recrearnos en Él pero de una forma distinta, siendo necesario alinearnos con esas mismas 22 letras o símbolos divinos, para consolidar nuevos imaginarios que nos otorguen interrelaciones e intercambios comunicacionales armónicos.
Sangre (dam) que es la misma de nuestro Señor Jesucristo (segundo Adán), derramada en la cruz para devolvernos esa semejanza divina (demut) y así nuestra vasija mental, que recibe la luz de esa Palabra del Creador, sea la que nos refleje a través de ese utensilio corporal, el surgimiento de lo que reconocemos como una nueva vida, siendo Su Espíritu el que le da a esas decodificaciones lingüísticas otra lectura que nos permite reinterpreta nuestras vivencias, vernos en esa otra realidad, en esa verdad, la cual nos otorga un nuevo sentido a nuestro actual entendimiento (biná, בִּינָה), razón de peso para no seguirnos dejando guiar por nuestro lenguaje vulgar y confuso.
El Texto de Textos nos revela en Juan 1:7, “Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él. 8 No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz. 9 Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo”.
Oremos para que la palabra del Creador ilumine nuestro diario entendimiento.



