
Mi Parashá – Génesis 10:21
Uno de los hijos de Noé con los que superó el diluvio es Shem (שֵׁם), cuyo valor es 340. Él es el ancestro de los hijos de Éber, de donde proviene la palabra “hebreo”, que significa “nombre” o “reputación”. Desde esta perspectiva, Shem representa la esencia del ser y nuestra identidad, ya que para la gematría, el número 340 se asocia con la revelación del nombre y la identidad espiritual, sugiriendo la importancia de reconocer y vivir de acuerdo con nuestra verdadera esencia.
Éber (עֵבֶר), con un valor de 272, antepasado de los hebreos, contiene en su nombre una hermosa visión que nos habla del “otro lado” o “más allá”, simbolizando una conexión con lo trascendente. Este número está relacionado con la idea de cruzar límites o fronteras, tanto físicas como espirituales.
El nombre de Jafet (יֶפֶת), cuyo valor es 490 y significa “ampliar” o “expandir”, nos sugiere esa relación con lo trascendente y la expansión necesaria para nuestro crecimiento. Al combinar esta idea con la palabra “grande” o “mayor”, gadol (גָּדוֹל), cuyo valor es 43, se destaca no solo la posición de Jafet como el hermano mayor, sino también la grandeza asociada con la expansión del alma y la conciencia. Esto sugiere que el reconocimiento de nuestra propia grandeza interna es esencial para nuestro crecimiento espiritual.
Nuestra esencia e identidad, reflejadas en el nombre que llevamos, nos llaman a vivir de acuerdo con nuestro verdadero ser. Al conectar con lo que está más allá, nos enfrentamos a la necesidad de cruzar esas fronteras y expandir nuestra conciencia para alcanzar una mayor comprensión espiritual. Este crecimiento no solo se da a través de nuestros conocimientos, sino también al reconocernos como hijos, honrando nuestra verdadera esencia.
Se trata de buscar conexiones más profundas con lo trascendente, superando el miedo a cruzar las fronteras que limitan nuestra espiritualidad. Para ello, debemos vivir con un propósito mayor, en alineación con nuestra esencia verdadera, buscando siempre expandir nuestras capacidades lumínicas para conectar con lo divino.



