
Mi Parashà – Génesis 10:27
De Joctán surgen Hadoram, Uzal y Diklah. El primero simboliza nobleza y esplendor, cualidades que se logran al esforzarnos por vivir con dignidad y honor; el segundo nos habla de estabilidad y prosperidad, indicando la necesidad de construir una base sólida en nuestras vidas, tanto en lo material como en lo espiritual; y el tercero nos da la idea de integridad y resistencia, para mantenernos firmes y rectos en nuestras convicciones, incluso en tiempos de adversidad.
Hadoram (הֲדוֹרָם), con un valor de 255, nos sugiere majestad o nobleza. “Hadar” en hebreo significa esplendor o gloria, una manifestación de la nobleza y el esplendor que deben estar presentes en nuestras acciones y en nuestra vida para alcanzar una existencia digna y honorable.
Uzal (אוּזָל), con un valor de 43, era una ciudad importante en Yemen, conocida por su prosperidad. Nos habla sobre todo de fortaleza, una capacidad que nos llama a no desfallecer y que requiere confianza en la guía de nuestro Creador.
Diklah (דִּקְלָה), con un valor de 139, proviene de “dekel”, palmera en hebreo, un símbolo de rectitud y resistencia. Nos ofrece la idea de integridad, como la capacidad de resistir las adversidades mientras nos mantenemos rectos, fuertes y confiados en el Creador.
Se trata de vivir con dignidad y honor (Hadoram), asegurándonos de que nuestras acciones reflejen nobleza y esplendor; de construir una base sólida y estable (Uzal) en nuestras vidas, tanto en lo material como en lo espiritual, para asegurar la prosperidad; y de mantener la integridad y la resistencia (Diklah), especialmente en tiempos de adversidad, permaneciendo firmes en nuestras convicciones y valores.



