
Mi Parashà – Gènesis 12:4
Las tensiones continúan, como ocurre regularmente en nuestras vidas cuando nos alejamos del camino espiritual. En este caso, las ciudades y sus reyes se rebelan, מָרָֽדוּ (maradu), valor numérico de 240, contra Kedorlaomer, כְּדָרְלָעֹ֖מֶר (valor numérico de 355), después de doce años de servidumbre, עָבְד֔וּ (avdu), valor numérico de 82. Este tiempo representa plenitud, orden y organización, asociado a las 12 tribus de Israel, simbolizando un ciclo completo o el establecimiento de un orden.
Sin embargo, el número 13 se asocia con la transgresión y el cambio. Mientras que el 12 es el número del orden establecido, el 13 representa un paso hacia lo desconocido, la rebelión o la transformación. Esto nos lleva, de alguna forma, al concepto de amor (ahavá, אַהֲבָה), cuyo valor en la gematría es 13, al igual que unidad (ejad, אֶחָד). Este intento de romper con el orden establecido y buscar una nueva dirección puede llevar, de manera amorosa y misericordiosa, al restablecimiento del equilibrio.
Los conceptos de avdu (sirvieron) y maradu (se rebelaron) contrastan entre sí en sus valores numéricos para simbolizar el cambio drástico entre la estabilidad de la servidumbre y el caos de la rebelión. El valor más alto de maradu (240) sugiere que la rebelión es una acción cargada de energía, un acto de liberación que tiene un impacto significativo.
Por otro lado, Kedorlaomer indica su gran poder y dominio sobre las ciudades durante esos años, siendo su rol en la historia una manifestación de las fuerzas de control y opresión que finalmente son desafiadas. La transición del 12 al 13 simboliza el paso de la estabilidad al cambio, del orden al caos. La rebelión, aunque parece un acto negativo, también puede verse como un intento de romper con un ciclo de opresión y buscar algo nuevo.
En nuestras vidas, este versículo puede interpretarse como una reflexión sobre el equilibrio entre aceptar el orden establecido y, cuando sea necesario, buscar el cambio. La “rebelión”, en este sentido, no necesariamente es un acto de destrucción, sino una oportunidad de transformación y renovación, aunque implique riesgos y desafíos. Aunque la rebelión pueda parecer caótica, también es una oportunidad para la renovación y el crecimiento.
Kedorlaomer era un rey mesopotámico mencionado en el Génesis (capítulo 14), líder de una coalición que luchó contra las ciudades de la llanura, incluyendo Sodoma y Gomorra. Es un personaje histórico y simbólico.
Kedorlaomer como símbolo:
En la Cábala, los personajes bíblicos suelen representar fuerzas espirituales o energías arquetípicas. Kedorlaomer, como rey y conquistador, puede simbolizar fuerzas de dominación, control o estructuras de poder material que ejercen influencia sobre el alma o la persona.
“Servir a Kedorlaomer” puede interpretarse como estar bajo la influencia de fuerzas externas que limitan o controlan el desarrollo espiritual, atando al individuo a patrones rígidos, egóicos o materiales.
Veamos el nombre כדרלאמר (Kedorlaomer) en hebreo y su gematría:
כ (Kaf) = 20, ד (Daled) = 4, ר (Resh) = 200, ל (Lamed) = 30, א (Alef) = 1, מ (Mem) = 40, ר (Resh) = 200
Total = 20 + 4 + 200 + 30 + 1 + 40 + 200 = 495
Significado numérico del 495
495 = 9 + 4 + 5 = 18
18 en gematría es “חי” (Jai), que significa “vida”.
Esto puede sugerir que, aunque Kedorlaomer simboliza fuerzas de dominación, su esencia numérica remite a la vida y, por lo tanto, la servidumbre a tales fuerzas puede contener una lección profunda o un aspecto vital que debe ser integrado o trascendido.
El Zohar habla de figuras como Kedorlaomer como representaciones de “reyes de oscuridad” o “klipot” (cáscaras) que oprimen y ocultan la luz divina.
“Servir a Kedorlaomer” es un símbolo para el alma atrapada en el ego y en las influencias negativas que impiden su libertad.
El Zohar invita a la elevación, la liberación de estas fuerzas, a través del estudio, la meditación y la conexión con la luz divina.
Reflexión actual
Servir a Kedorlaomer hoy puede simbolizar entregarse a sistemas o patrones que limitan nuestro crecimiento espiritual, ya sean económicos, sociales, psicológicos o internos.
Desde la Cábala, el desafío es reconocer estas influencias, comprender su origen y trascenderlas para alcanzar la libertad y la iluminación.
La gematría nos da pistas para ver que incluso estas fuerzas contienen una chispa de vida o un mensaje oculto que, al ser comprendido, nos ayuda a crecer.
El Zohar nos alienta a ver el camino del alma como un proceso de liberación progresiva, donde “servir a Kedorlaomer” es un estado que podemos superar a través de la conciencia y la luz.



