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Mi Parashá – Génesis 13:7

La vibración de la Palabra del Creador nos genera energía, Luz, que a su vez reproduce tensiones cuando los humanos interrumpimos la armonía de su fluir. Por ello, esos diferentes aspectos de nuestra realidad nos confrontan, al punto de que seres como Abram y Lot, familiares, no ocultaron estos niveles de inconsciencia que, en sus diversas facetas, alertan nuestras almas.

El conflicto entre el materialismo de Lot y la espiritualidad de Abram se refleja en nuestros seres interiores, en la búsqueda de darle un mayor entendimiento a nuestro ser, que busca esa sabiduría divina y la conexión con Él a través de Su obra. Es una lucha común donde a diario nos enfrentamos entre lo mundano y lo celestial.

La expresión “disputa”, רִ֗יב (riv), con un valor numérico de 212, y el valor gemátrico de Abram, אַבְרָ֔ם (Avram), de 243, se suman para mostrarnos que esas energías espirituales, cuando generan conflicto o confrontaciones por ideas diversas, nos llaman a entender que esas luchas que experimentamos en nuestras vidas, entre nuestras aspiraciones espirituales y los desafíos materiales, deben alcanzar un equilibrio, fruto de la armonía que fluye en lo divino.

Y aunque nuestras diferencias son normales, ellas mismas nos llaman a complementarnos, comprendiendo que todos somos parte integral de esta creación. Debemos no solo ser útiles a ella, entregando lo mejor de nosotros, sino también intentando ser cada vez más luz para irradiarla en nuestros entornos.

Por ello la cábala nos habla permanentemente del desarrollo del alma, de las pruebas del ego, y del contraste entre dos tipos de conciencia espiritual la de Abraham (la conciencia elevada que busca lo divino) y la de Lot (la conciencia que busca lo fácil, lo material).

La Cábala y la gematría extraen del relato de Abraham y Lot no solo una narración histórica, sino una parábola interna: dos partes del alma humana que toman caminos distintos frente al deseo, la bendición y la elección.

Abraham (אַבְרָהָם) representa el alma en expansión espiritual, es la personificación de la sefirá de Jesed (amor desinteresado, expansión). Edifica altares cada vez que llega a un nuevo lugar. No se apega a las posesiones materiales. Vive con visión celestial, guiado por la voz de Dios, no por lo que ve con los ojos. Abraham busca constantemente la conexión con lo eterno.

Lot (לוֹט) representa el alma material, confundida por la abundancia, sobrino de Abraham, representa un nivel más bajo de conciencia: Atraído por la belleza externa de la llanura del Jordán. Se mueve hacia Sodoma, símbolo de corrupción, placer, y egoísmo. No edifica altares. Vive según lo que se ve, no por fe. Lot es una parte del alma que, al no tener raíces espirituales profundas, se deja llevar por lo que brilla, lo fácil, lo inmediato.

Las disputas de los pastores: conflicto interno del alma. Los pastores (רֹעִים – ro’im) simbolizan las tendencias, pensamientos y deseos que “pastorean” tu vida.. Los pastores de Abraham cuidan los límites y respetan a los demás. Los de Lot permiten que sus rebaños invadan otros campos (según el Midrash). Este conflicto representa una tensión interna: ¿A quién estás alimentando: al alma (nefesh elokit) o al ego (nefesh behamit)?, ¿Tus recursos sirven para el bien o son herramientas de codicia?

אַבְרָהָם – Abraham: א (1) + ב (2) + ר (200) + ה (5) + ם (40) = 248, número que corresponde también a:  los 248 órganos del cuerpo humano según la tradición rabínica. 248 mitzvot aseh (mandamientos positivos). Abraham representa el cuerpo dedicado completamente al servicio divino.

לוֹט – Lot: ל (30) + ו (6) + ט (9) = 45, es la gematría de: אָדָם – Adam = 1 + 4 + 40 = 45. Lot representa un nivel humano básico, sin sublimación, el potencial humano no trabajado espiritualmente. Pero también: 45 es una de las gematrías del Tetragrámaton (יהוה) cuando se llena con letras: יו״ד ה״י ו״ו ה״י = 10 + 6 + 4 + 5 + 10 + 6 + 6 + 5 + 10 = 45. Esto sugiere que Lot contiene un gran potencial espiritual, pero mal dirigido.

La abundancia no prueba tu elevación espiritual. Ambos, Abraham y Lot, eran ricos. Pero uno construye altares; el otro, tiendas. Tener recursos no es malo; la diferencia está en lo que haces con ellos.

La visión espiritual se elige. Abraham ve con los ojos del alma; Lot con los ojos del cuerpo. Lot “alzó los ojos” y eligió con deseo (13:10) Abraham también alzó los ojos, pero después que Dios le habló (13:14)

La Cábala enseña: El verdadero ver es después de escuchar a Dios.

Separarte del ego a veces es un acto necesario, Abraham no pelea. Solo dice: “Que no haya pleito entre tú y yo… porque somos hermanos.” (13:8)

Espiritualmente, esto enseña que la elevación a veces exige separación del ego y sus deseos, sin guerra, pero con decisión.

Donde tú pongas tus tiendas, allí se dirige tu vida, Lot pone su tienda hacia Sodoma. Abraham edifica altares hacia Dios. Cada día tú eliges: ¿Construyes un altar o una tienda hacia el deseo?

La historia de Abraham y Lot es la historia del alma en cruce de caminos.

Una parte de ti busca lo eterno, lo divino, edifica altares de conciencia. Otra parte busca comodidad, placer, rapidez, y va armando su tienda en Sodoma.

La pregunta es: ¿Quién de los dos toma tus decisiones hoy? Y aún más importante: ¿A cuál estás alimentando con tus recursos, tus pensamientos, tus palabras?

La Cábala entiende el ego como la manifestación del “Klippot” o “cáscaras” — capas que nos separan de la esencia divina. El ego es la fuerza que impulsa a la separación, la competencia, la envidia y el apego, porque percibe al otro como amenaza o rival en lugar de reflejo de la misma luz divina.

La Cábala enseña que el propósito espiritual es superar el ego para llegar a la unidad y el amor incondicional.

Se busca pasar del “Yo” fragmentado al “Nosotros” integrado.

El apego a ilusiones (materialismo, status, posesiones) es una forma de estar atrapados en el “Olam Ha’Asiyá” (mundo de acción), el plano más denso de la realidad.

El ideal es fluir con la armonía del Ein Sof (la infinitud divina), reconociendo que todo es una manifestación del Uno.

La palabra “Ego” o “Ya” (אני) tiene un valor numérico que puede vincularse a conceptos como separación o individualidad.

La palabra “Amor” (אהבה, Ahavah) y “Unidad” (אחדות, Achdut) se relacionan con valores que simbolizan la integración y la conexión.

La envidia, competencia y apego aparecen como expresiones de una conciencia fragmentada y limitada, representada por ciertos valores numéricos que al transformarse elevan la conciencia hacia el amor y la unidad.

El Zóhar, texto central de la Cábala mística, habla extensamente sobre el ego y la separación:

El ego genera el “Sitra Achra” (el “otro lado”), la fuerza de la oscuridad y la separación.

El Zóhar enseña que la envidia, competencia y apego son barreras que impiden la revelación de la luz divina en el alma.

El camino espiritual es disolver el ego, transformando la energía negativa en positiva, a través del amor, la generosidad y la conexión con el propósito superior.

Fluir con la armonía divina significa dejar ir las ilusiones del ego y reconocer que todos somos partes de un mismo árbol espiritual.

El ego fomenta la competencia, la envidia y el apego por la ilusión de separación.

La sabiduría cabalística invita a trascender el ego para revelar nuestra verdadera naturaleza como expresiones del amor divino.

El verdadero equilibrio y felicidad nacen de compartir, amar y fluir con la armonía del universo, reconociendo la unidad detrás de la diversidad.

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