
Mi Parashá – Génesis 14:9
Hay dos grupos de reyes enfrentados en una batalla: cuatro reyes encabezados por Kedorlaomer, y cinco reyes liderados por los de Sodoma y Gomorra, lo cual nos denota, a través del número cuatro, la estabilidad y estructura, pero también las limitaciones del mundo físico, ya que los cuatro reyes que luchan contra los cinco pueden simbolizar la consolidación del poder material y la lucha por el dominio sobre el plano terrenal.
Por su parte, el número cinco está vinculado con el concepto de cambio y movimiento, y representa la gracia divina, chen (חֵן), con un valor gemátrico de 58, que por la letra “hei”, que corresponde al número 5, se asocia con la expansión divina. Por lo tanto, la batalla entre estos dos grupos puede verse como un conflicto entre las fuerzas que buscan estabilizar el mundo físico y las fuerzas de cambio y transformación.
Los cinco reyes, liderados por Sodoma y Gomorra, pueden simbolizar energías caóticas o egoístas que están siendo desafiadas por los cuatro reyes que representan el poder y la estabilidad. Por eso, Tidal (תִדְעָ֤ל, valor de 513), Amrafel (אַמְרָפֶ֣ל, valor de 371) y Aryokh (אַרְיוֹךְ֙, valor de 331) sugieren, por ese valor más alto, una fuerza poderosa e intensa dentro de este conflicto. Estas fuerzas combinadas de estos reyes representan un llamado al equilibrio entre poder, juicio y conflicto.
Los cuatro reyes liderados por Kedorlaomer representan estabilidad, estructura y control, mientras que los cinco reyes asociados con Sodoma y Gomorra simbolizan caos, cambio y egoísmo. En nuestras propias vidas, este versículo puede ser una metáfora del conflicto interno que experimentamos entre nuestras fuerzas materiales (deseos de estabilidad y control) y espirituales (deseos de cambio y expansión).
Esta batalla refleja el equilibrio que debemos buscar entre la necesidad de estructura y el impulso de transformación, lo cual nos invita a reflexionar sobre el balance entre el control material y la necesidad de transformación espiritual, y cómo estas fuerzas interactúan en nuestra vida cotidiana.
No perdamos de vista que la Cábala, nos reitera que el ser humano tiene una chispa divina — el Nefesh Elohit — pero también está atrapado en la Klipot (cáscaras o envolturas), que representan la oscuridad y el ego. La búsqueda de reyes y deidades humanas es, en cierta forma, un reflejo del deseo del alma por conexión y orden, pero a menudo distorsionada por el ego y la necesidad de control tangible.
El rey en el misticismo representa el principio de Maljut (Reino), la sefirá que manifiesta la divinidad en el mundo físico.
Sin embargo, el error está en proyectar esa autoridad en figuras humanas limitadas, olvidando que la verdadera soberanía es divina y única.
El alma busca la autoridad porque necesita un punto de referencia, pero cuando se enfoca en humanos en lugar de en la divinidad, es porque está “atrapada” en el nivel material y no ha trascendido el ego.
La palabra מלך (Melej, “rey”) tiene valor numérico 90.
La palabra אלוהים (Elohim, “Dios”) tiene valor 86.
La diferencia numérica puede interpretarse como que el rey (representante terrenal) está cercano pero separado de la divinidad verdadera, reflejando la distancia entre lo humano y lo celestial.
Además, la guematría revela que el ego y la ambición (como conceptos representados numéricamente en hebreo) son fuerzas que “desvían” al ser humano para buscar ídolos o líderes humanos.
El Zohar dice que el ser humano busca un “rey” para reflejar el Shejiná (la Presencia Divina) en este mundo.
Pero cuando busca esa autoridad en personas o deidades humanas, es una manifestación de Klipot, porque la verdadera conexión con Dios requiere reconocer que sólo Él es la autoridad suprema.
Esta búsqueda errónea es una forma de “exilio espiritual”, una desconexión de la Fuente, que lleva al sufrimiento y la confusión.
El Zohar también explica que sólo cuando la persona eleva su alma y purifica su intención, podrá ver la verdadera autoridad celestial en lugar de figuras humanas.
Resumen breve
Cábala: La búsqueda de reyes y deidades humanas es un reflejo del ego y la necesidad de orden físico, pero es una forma de desconexión espiritual.
Guematría: Los valores numéricos muestran la cercanía pero la diferencia entre el poder humano y la divinidad verdadera.
Zohar: La verdadera autoridad es la divina, y buscarla en humanos es una manifestación de Klipot (obscuridad). La conexión auténtica es posible solo a través de la elevación del alma y la pureza interior.



