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Mi Parashá – Génesis 15:15

Este versículo es una promesa que el Creador le hace a Abram, asegurándole que vivirá una vida larga y pacífica, y que morirá en buena vejez. En un contexto de incertidumbre sobre el futuro de su descendencia, esta es una promesa de paz y bienestar personal para Abram.

Aquí, la palabra שָׁלוֹם (shalom), que significa paz, tiene un valor gemátrico de 376 (ש=300, ל=30, ו=6, מ=40), por lo que el término no solo nos transmite la idea de ausencia de conflicto, sino ese estado de armonía interna y externa que se logra fruto de esa completitud, un estado en el que todas las partes de la vida están alineadas en armonía, lo que refleja que Abram vivirá en equilibrio y plenitud antes de su muerte.

La palabra שֵׂיבָה (seivah), que significa vejez, tiene un valor gemátrico de 72 (ש=300, י=10, ב=2, ה=5), valor que está asociado con el nombre sagrado del Creador (Shem HaMephorash), lo que implica que alcanzar la vejez en el contexto de este versículo no solo significa longevidad, sino también un estado de cercanía a lo divino. La vida de Abram se describe como plena y en sintonía con el propósito divino, lo que le permite llegar a una buena vejez con una conexión profunda con el Creador.

La frase בְּשֵׂיבָה טוֹבָה (beseivah tovah), que significa buena vejez, tiene un valor gemátrico de 428 (ב=2, ש=300, י=10, ב=2, ה=5, ט=9, ו=6, ב=2, ה=5), número que en la cábala está relacionado con la completitud espiritual y la idea de que Abram llegará al final de su vida con una realización plena de su misión espiritual. La buena vejez no solo refleja el bienestar físico, sino también una vida de sabiduría acumulada y legado espiritual.

La promesa del Creador a Abram de una buena vejez no es solo una promesa de longevidad, sino de una vida vivida en armonía con lo divino y en paz con su propósito. Llegar a la vejez, en la cábala, se entiende como un logro, ya que implica que la persona ha completado su misión en la vida y ha alcanzado un estado de sabiduría y realización espiritual.

La promesa de ser sepultado en paz también refleja la idea de una transición tranquila al mundo espiritual. La vida de Abram estará marcada por una profunda conexión con lo divino, y su muerte será el resultado natural de una vida vivida en sintonía con su propósito. Este versículo nos enseña que la verdadera plenitud no radica solo en la longevidad, sino en vivir una vida llena de significado y en alineación con las enseñanzas espirituales.

En un mundo lleno de desafíos y dificultades, el ideal que se presenta aquí es una vida vivida en armonía con lo divino, en la que logramos cumplir con nuestra misión espiritual y alcanzamos un estado de sabiduría al final de nuestros días. El verdadero éxito no se mide por la cantidad de años vividos, sino por la calidad y profundidad de nuestra conexión con lo divino y con nuestra misión en la vida. Una buena vejez no es solo una cuestión de longevidad, sino de haber alcanzado un estado de sabiduría acumulada y legado espiritual.

Este versículo también nos anima a vivir en paz con nosotros mismos y con los demás, buscando un equilibrio entre lo material y lo espiritual. Al final del día, lo que más importa es haber vivido en armonía con nuestro propósito divino y haber contribuido al legado espiritual que dejamos a nuestras generaciones futuras.

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