
Mi Parashà – Génesis 15:2
Cada signo lingüístico, cada letra, cada palabra, cada concepto tiene un valor numérico diferente que, de acuerdo con quienes estudian la gematría, nos puede ayudar, gracias a interpretaciones guiadas por el Espíritu Santo, a desentrañar significados ocultos en los textos bíblicos. Es por ello que la palabra “Eliezer” (אֱלִיעֶזֶר), que tiene un valor numérico total de 318, nos habla de la fuerza espiritual y la victoria.
Por lo tanto, desde esos estudios, se cree que Eliezer, al ser el siervo fiel de Abraham, representa un poder interior que guía hacia el cumplimiento del propósito divino, incluso cuando uno parece estar “sin herederos” o en momentos de vacío personal (como se siente Abram en este versículo). Otra expresión significativa es “Adonai” (אֲדֹנָי), una referencia al Creador como soberano y guía.
Este nombre divino también refleja la relación de dependencia total de Abram hacia el Creador, mostrando su apertura a recibir la bendición divina. A nivel personal, este versículo podría simbolizar los momentos en los que nos sentimos sin dirección o propósito (como Abram “sin hijos”), pero también nos recuerda que siempre hay una fuerza superior que nos acompaña.
La búsqueda espiritual puede traer claridad y respuestas a nuestras dudas, momentos de incertidumbre o vacío. Existe un propósito divino y una herencia espiritual que todos compartimos, y que está esperando ser descubierta con la fe y la reflexión adecuada.
Desde la óptica cabalística, el alma busca su corrección (Tikun) y son los hijos quienes nos otorgan la oportunidad de esa reparación espiritual, pero no siempre es así ya que algunas almas vienen con un propósito distinto. Por ello no tener hijos podría representar que el alma ya corrigió esa área y que el trabajo espiritual en esta vida está enfocado en la “maternidad/paternidad espiritual” (es decir, guiar a otros, enseñar, proteger, inspirar).
En el Árbol de la Vida, la sefirá de Yesod (fundamento) se asocia con la capacidad de transmitir energía a Maljut (el mundo físico). En sentido simbólico, tener hijos es “transmitir luz” al mundo. Pero también se puede hacer esto mediante ideas, obras, arte o enseñanza.
Algunas enseñanzas cabalísticas indican que las almas que no tienen hijos pueden estar trabajando con energías más internas o elevadas, donde la creación no es física sino espiritual. El Zóhar habla de que cada alma tiene su camino único, y lo esencial es cómo se comparte la luz, no necesariamente con quién.
En guematría (la ciencia de los valores numéricos de las palabras en hebreo), se pueden hacer asociaciones interesantes: “Sin hijos” en hebreo. Una forma de decir “sin hijos” es “בלי ילדים” (bli yeladim). בלי (bli) = 42, ילדים (yeladim) = 94, Total: 136, es también el valor de la palabra “קול” (Kol) = voz, sonido. Esto sugiere que, aunque alguien no tenga hijos físicos, su voz o legado puede resonar y crear impacto — una forma espiritual de “dar a luz”.
Si una persona siente dolor por no tener hijos, ese anhelo también tiene una raíz espiritual y puede canalizarse en formas creativas, compasivas o generativas. Pero no tener hijos no significa ausencia de propósito ni fracaso espiritual. El alma puede estar cumpliendo otro tipo de “maternidad” o “paternidad”, más sutil. El legado de una persona puede ser espiritual, emocional, artístico o intelectual. Pero en el caso de Abraham todo denota unos aspectos diferentes.
Al releer historias Bíblicas en especial de nuestro padre de la fe, en ocasiones queda la pregunta, si estos seres eran tan especiales y además percibían al Creador desde distintas formas, porque desconfiaban, pecaban, se llenaban de dudas y hasta de egoismos.
Lo importante es comprender que la Biblia no oculta esos errores, dudas o caídas de los grandes líderes espirituales. De hecho, los muestra precisamente porque esa es una de sus enseñanzas más poderosas: incluso las almas más elevadas están en proceso, son humanas, y su grandeza no está en la perfección, sino en su capacidad de elevarse, corregir, aprender y mantenerse en conexión con el Creador a pesar de todo.
Se nos enseña entonces que la espiritualidad no es perfección, que no somos humanos y el único perfecto es Él, por ello estos seres especiales actúan por ego, por miedo, por dudas, por impulsos. Pero no se definen por eso, sino por cómo responden a esos momentos, la Biblia nos da un modelo realista del mundo, no idealizado, si estos santos fueran infalibles, sería imposible relacionarnos con ellos. Pero como son humanos —con luchas internas— nos dan esperanza y ejemplo.
“El justo cae siete veces, y se levanta.” — Mishlé (Proverbios 24:16)
Abraham por ende, padre de la fe, no solo mintió, desconfió, no espero la promesa al tener un hijo con Hagar (Ismael), el cual aún hoy trae conflictos al mundo, pero no protesta contra el mandato de sacrificar a su hijo, aunque sí discute con Dios por Sodoma. Pero este ser representa el atributo de Jesed (bondad) y debía integrar a su ser otras cualidades (disciplina, juicio). Sus “errores” son parte de ese proceso de equilibrio.
Quienes creen que Moisés no pecó como los humanos y que estas fallas son “aparentes” desde nuestra dimensión ilusoria, obvian que cualquier desvío mínimo es juzgado con gran severidad (din), maxime en seres que como él representaban una energía muy elevada.
El mismo David que cae con Batsheva, comete adulterio y manda a matar a su esposo, nos enseña más adelante el poder del arrepentimiento. No porque debía hacerlo, sino porque lo que vino después fue enseñanza para todos.
En fin, todos debemos visionar nuestra evolución del alma y ella es a través de la oscuridad de este mundo y sus fuerzas caoticas, por ello incluso suponiéndonos almas justas debemos asumir que eso no hace que nos visionemos como “perfectas”, no se trata de revisar esa misión específica que implica trabajar con ciertas sombras.
El Zohar dice: “No hay Luz sin una vasija rota que se repare.”
Desde esa mirada nuestra fallas elevan al mundo si y solo si corregimos, nos arrepentimos y nos acercamos cada vez mas al Creador, por ello, en Cabalá, se habla de yeridá letzorej aliyá — una caída necesaria para una elevación posterior. Entendamos entonces que los errores son parte de ese plan divino, diseñado por nosotros mismos antes de nuestro nacimiento, cuando entendíamos plenamente que el Creador anhela nuestra transformación y entiende nuestra imperfección.
“El sacrificio que agrada a Dios es el espíritu quebrantado…” — Salmo 51:17
La Biblia no es un libro de lógica humana lineal. Es un código espiritual, lleno de capas, contradicciones aparentes, y mensajes ocultos. En Cabalá se enseñan 4 niveles de interpretación, conocidos como PaRDeS:
| Nivel | Significado | Ejemplo |
| Peshat | Literal | Abraham mintió |
| Remez | Alegórico | Estaba probando una reacción |
| Derash | Explicativo | Enseñanza moral sobre la fe o el miedo |
| Sod | Secreto / Místico | Proceso del alma y correcciones espirituales |
Por ello cuando Abraham baja a Egipto, literalmente parece que miente. Pero en Sod, baja al nivel espiritual de Mitzrayim (Egipto = estrechez) para extraer chispas de santidad. Desde esa mirada no podemos esperar ser perfectos aun siendo líderes espirituales, no somos robots sino almas en lucha que eligen la Luz incluso desde la oscuridad, los errores no niegan la conexión con lo Divino. A veces, la profundizan.
Los errores de los grandes no son incoherencias, sino instrucciones en forma humana. La Biblia no muestra ángeles: muestra humanos que se conectan con Dios a través de sus fallas, dudas y procesos reales. La Luz infinita habita incluso en la vasija rota, y eso es exactamente lo que nos permite encontrarla dentro de nosotros.
Cuando mintamos recordemos a Abraham que como nosotros tuvo miedo y actuamos quizá por supervivencia lo cual no justifica nuestra acción y ello es una pista de lo que hay debajo en nuestra superficie.
Egipto es símbolo de materialismo, estrechez, esclavitud (Mitzrayim = “limitación”) y Abraham = alma conectada a lo divino, debe enfrentar a reyes y faraones: ego, deseo de control, por lo tanto, cuando el alma desciende a este mundo físico podemos caer en las manos del ego y el poder corrupto, por lo que debemos orar con mas confianza para lograr intervención divina que libere chispas sagradas (nitzotzot), ya que cuando el alma baja a este mundo, la divinidad interior queda en peligro de ser capturada por fuerzas materiales, hasta que algo la despierta (plagas, conflictos, miedos, que sacuden el alma.
El padre de la fe nos habla de esas pruebas o desafíos de fe, por ende el propósito de todo esto es que irradiemos desde nosotros la luz del Creador para que esa esencia divina se propague, debemos rescatar esa energía espiritual que esta atrapada en lo oscuro, por fe, la cual requiere entrar en zonas oscuras sin saber cómo saldremos manteniendo eso si la conexión, para que el Creador actúe.
Cabalá profunda:
Abraham representa la Sefirá de Jesed (amor/desbordamiento).
Egipto, los reyes y demás ligares oscuros, representan las klipot (cáscaras de impureza).
Sara representa la Shejináh, la presencia femenina divina, el recipiente para la Luz.
Por ello en los versículos anteriores cuando Abraham “entrega” a Sara, él retira su Luz masculina, lo que permite que el entorno (faraón) se revele como incompatible con la Shejináh. La Shejináh atrae la Luz de corrección — de ahí las plagas.
Esto refleja el principio cabalístico de que: “La caída de la Shejináh en el exilio permite la revelación de la Luz en niveles ocultos.”
Y el oro y la plata que recibe Abraham representan “chispas divinas” que estaban ocultas en Egipto, y que él libera con su presencia. Cada historia es una prefiguración mística del Éxodo (como una versión “micro” de lo que hará Moshé más adelante).
Las “incoherencias” aparentes de Abraham son solo una fachada para una operación espiritual profunda: entrar en la oscuridad, rescatar la Luz, y salir transformado.
En general, todo se trata de liberarnos del dominio de la oscuridad, del ego, de la ilusión (en hebreo: olam ha-sheker, el mundo de la falsedad), y de alinearnos con la Luz divina y la verdad y cada circunstancia vivida nos entrega claves espirituales que pueden ayudarnos a trascender el dominio de esa “cáscara” (klipá) de oscuridad.
Este mundo no es el final ni el centro
“Este mundo es como un pasillo antes del mundo venidero.”
— Pirkei Avot 4:21
Desde la Cabalá: Este mundo es llamado Olam ha-Asiyá, el mundo de la acción, donde domina la ocultación de la Luz.
La klipá (cáscara) representa las fuerzas de oscuridad, ego, deseo de recibir solo para uno mismo.
La clave aquí es entender que la realidad física es solo una capa. Lo esencial es invisible. (Zohar, introducción).
El ego (ani, “yo”, en hebreo: אני) tiene el mismo valor numérico (61) que avel (אבל), “nada” o “vano”.
Cuando se invierte el “yo” con Dios (Elohim, אלוהים), se crea armonía.
La transformación es pasar del deseo de recibir por sí mismo al deseo de recibir para compartir.
Desde la Cabalá: El alma tiene cinco niveles, y solo accedemos a los superiores al trascender el ego.
La herramienta central es la intención espiritual (kavaná) al hacer mitzvot, oración, estudio o incluso en actos cotidianos.
Confiar implica por ende lograr una Fe activa, no pasiva
“El justo vivirá por su fe” (emuná) — Habacuc 2:4
Desde el Talmud: Emuná no es creer ciegamente, sino vivir con consciencia de la presencia divina en todo.
Esto implica confianza en el proceso, incluso en medio del caos.
La fe debe acompañarse de acción (hishtadlut): haces tu parte, el resto lo dejas a la Luz.
“No hay Luz sin oscuridad primero.” Cada caída espiritual (yeridá) prepara para una elevación (aliyá). La oscuridad es parte del plan para forzar el libre albedrío. Si todo fuera luz, no habría mérito en elegirla. Las klipot (cáscaras) se nutren del deseo egoísta. Cuando uno las deja sin alimento (es decir, cuando no cae en ego, odio, miedo, lujuria), se disuelven.
Debemos orar más: Tefilá (Oración con intención)
No es pedir cosas externas, sino elevar el alma, conectar.
Las letras hebreas tienen energía espiritual. Incluso sin comprender todo, recitar con kavaná transforma la consciencia.
Por ello debemos leer la Torá (Estudio consciente)
El estudio de textos sagrados con intención rectifica la mente.
El Zohar dice: “La Torá es Luz”. El estudio revela la estructura divina oculta.
Además tener: Tzedaká, actos de bondad
Cuando compartes, rompes la ilusión del yo separado.
Incluso una moneda de caridad puede romper un decreto (Talmud, Baba Batra 10a). por ende el Ayuno del habla (Shemirat ha-lashon) nos ayuda a evitar la crítica, el juicio, la queja. La palabra crea realidad. La lengua es fuego (Proverbios 18:21).
“Más grande es quien conquista su instinto que quien conquista una ciudad.” — Mishlé (Proverbios) 16:32
El secreto no es eliminar completamente la oscuridad, sino aprender a usarla como trampolín hacia la Luz.



