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Mi Parashá – Génesis 18:32

Este versículo cierra el diálogo entre Abraham y el Creador sobre la salvación de Sodoma. Abraham ha reducido la cantidad de justos a diez, con la esperanza de que este pequeño número sea suficiente para salvar la ciudad. En la Cábala, el número diez tiene una profunda significación, ya que representa las diez sefirot (emanaciones) que componen el Árbol de la Vida, y se relaciona con la totalidad de la creación divina.

“No se enoje mi Señor, y hablaré solo una vez más” (al-na yichar la’Adonai va’adabera ach hapa’am): Abraham muestra una vez más humildad y respeto hacia Dios, consciente de que está intercediendo por un pueblo que está al borde del juicio. La Cábala enseña que la anavá (humildad) es fundamental en cualquier intercesión espiritual, y Abraham demuestra esto con cada petición. Él pide hablar “solo una vez más”, lo que refleja su reverencia y la conciencia de los límites de su súplica.

“Quizás se hallen diez allí” (ulai immatzeun sham asarah): El número diez en la Cábala es crucial, ya que está vinculado a las diez sefirot que conforman la estructura de toda la realidad. En este contexto, diez justos serían suficientes para equilibrar las fuerzas de Jesed (misericordia) y Guevurá (juicio), y salvar a Sodoma. La presencia de diez justos indica una estructura completa y suficiente para traer redención y misericordia.

El valor gemátrico de “diez” (asará, 575) está estrechamente relacionado con la totalidad y la perfección de las emanaciones divinas. El número diez representa la manifestación completa de las sefirot, lo que sugiere que la presencia de diez justos en la ciudad sería suficiente para salvarla, ya que este número encapsula toda la estructura del Árbol de la Vida.

El valor de “se hallen” (immatzeun, 197) destaca la importancia de encontrar a esos justos. En la Cábala, la búsqueda de la luz en medio de la oscuridad es un acto crucial. Los diez justos serían como pilares que sostienen la creación en ese lugar.

El valor de “no destruiré” (lo aschit, 750) refuerza la magnitud de la decisión divina. La misericordia, reflejada en el acto de no destruir, está basada en la presencia de un pequeño número de justos, lo que subraya el poder transformador de la rectitud, incluso en una ciudad corrupta.

Este versículo revela la profunda conexión entre la misericordia divina y la intercesión humana. Abraham, en su humildad, llega a la conclusión de que incluso diez justos pueden ser suficientes para salvar a Sodoma. En la Cábala, este diálogo refleja la capacidad de las sefirot de actuar en conjunto, con Jesed (misericordia) prevaleciendo sobre Guevurá (juicio) cuando hay un mínimo de rectitud.

La gematría del versículo refuerza la importancia del número diez (575) como símbolo de la totalidad y la perfección divina. La posibilidad de “hallar” esos diez justos (197) destaca la búsqueda constante del bien, mientras que el valor de “no destruiré” (750) refleja el acto divino de evitar la destrucción en respuesta a la rectitud.

Este versículo nos invita a reflexionar sobre el impacto que incluso un pequeño grupo de personas justas puede tener en el destino de una comunidad. Como Abraham, estamos llamados a interceder con humildad, sabiendo que nuestras acciones pueden influir en la misericordia divina y traer equilibrio y redención al mundo.

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