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Mi Parashá – Génesis 8:1

Los cabalistas y quienes estudian la guematría hacen interpretaciones basadas en la asignación de valores numéricos a las letras del alfabeto hebreo para encontrar significados ocultos en palabras y frases que se encuentran en las escrituras.

Para descomponer una palabra en guematría, se suman los valores numéricos de todas sus letras. Por ejemplo, שלום (Shalom) = ש (Shin) 300 + ל (Lámed) 30 + ו (Vav) 6 + ם (Mem final) 40 = 376. Una vez calculado el valor numérico de una palabra o frase, se compara con otras palabras o frases que tienen el mismo valor numérico.

Esta comparación sugiere una conexión espiritual o un significado oculto entre esas palabras o conceptos. Por ejemplo, si dos palabras diferentes suman 376, podría haber una conexión espiritual o simbólica entre ellas. Además, la guematría incluye algunas técnicas adicionales para encontrar conexiones más profundas:

Variables como la Guematría Mispar Gadol, en la que las letras finales (sofit) de ciertas letras hebreas (Kaf, Mem, Nun, Pe, Tsade) tienen valores numéricos más altos (500, 600, 700, 800, 900), o la Guematría Katan, que reduce los valores numéricos a sus dígitos simples (por ejemplo, 376 se convierte en 3 + 7 + 6 = 16 y luego 1 + 6 = 7). A veces se buscan acrónimos o se usan las primeras letras de una frase para encontrar conexiones adicionales.

Con esos resultados, se interpreta todo en un contexto espiritual para que esa conexión entre palabras con valores numéricos iguales pueda generar enseñanzas o significados espirituales profundos. Es por ello que en estos párrafos usamos apartes de esta herramienta mística para entender sus revelaciones.

Expresiones como “el Creador se acordó” (וַיִּזְכֹּר אֱלֹהִים), desde estos análisis, nos permiten vislumbrar en la palabra “vayizkor” (se acordó), por su valor, que este no es un recuerdo pasivo, sino que forma parte de una acción divina que se manifiesta en el mundo.

El acto de recordar por parte de nuestro Creador implica la activación de Su misericordia y la intervención directa en la historia para cumplir con Su plan. Por lo tanto, el hecho de que Él “se acordara” de Noé y los que estaban con él en el arca simboliza el comienzo de la redención y la restauración después del juicio.

En cuanto a la expresión “las aguas se calmaron” (וַיָּשֹׁכּוּ הַמָּיִם), simbolizaba el juicio y la destrucción, que comienzan a calmarse, indicando que el proceso de purificación ha cumplido su propósito. Estos escenarios pueden interpretarse como un punto de equilibrio donde el juicio se transforma en misericordia, y la creación comienza a emerger renovada.

La palabra “ruach” (רוּחַ) tiene un valor gemátrico de 214 (ר = 200, ו = 6, ח = 8), número que, al descomponerse en 2 + 1 + 4 = 7, simboliza la completitud y la perfección, reflejando la idea de que el “ruach” divino es el instrumento perfecto para traer la renovación y restauración a la creación. Además, la palabra “yizkor” (יִזְכֹּר) tiene un valor de 237, que puede relacionarse con la idea de recordar no solo como un acto mental, sino como un compromiso activo de cumplir con las promesas divinas.

La expresión “El viento sobre la tierra” (רוּחַ עַל־הָאָרֶץ) nos lleva a la palabra “ruach” (viento o espíritu), representándonos el espíritu o la energía vital que mueve y anima la creación. Siendo el viento que Él hace pasar sobre la tierra un símbolo de la transformación y purificación. Así como el viento dispersa las aguas del diluvio, el “ruach” divino tiene el poder de renovar y restaurar la vida.

Al reflexionar sobre la naturaleza de la misericordia divina y la importancia del “recuerdo” del Creador, debemos entender que Noé y los seres vivientes en el arca representan la esperanza y la continuidad de la vida después del juicio. Por lo tanto, la acción del Creador de hacer pasar un viento sobre la tierra simboliza no solo el cese del juicio, sino también el inicio de un nuevo ciclo de vida y restauración.

La palabra “ruach” nos recuerda que, en medio de las dificultades y el caos, el espíritu divino tiene el poder de renovar y restaurar. Esta perspectiva nos anima a confiar en la misericordia del Creador y a ver los momentos de calma después de la tormenta como oportunidades para un nuevo comienzo, tanto en nuestra vida personal como en nuestra conexión con lo divino.

Aprender que después de los tiempos más oscuros la intervención divina puede traer paz y renovación nos ayuda a reforzar la idea de que Él tiene un plan perfecto y completo, y por ello Su “recuerdo” es una promesa activa de redención y restauración para todos aquellos que se mantienen fieles a Su voluntad.

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