
Mi Parashá – Génesis 9:10
Debemos profundizar cada vez más en nuestra relación, no solo con el mundo terrenal que percibimos, sino también con el Creador como generador de toda la vida que nos rodea. Es por ello que, como seres humanos, somos responsables de todas las criaturas vivientes, las cuales también están incluidas en el pacto divino, lo que nos reitera la necesidad de actuar con respeto y responsabilidad hacia todo y todos.
No podemos olvidar que estamos todos conectados en un tejido que es más que social; es espiritual, ya que Él es quien sostiene la vida. Por lo tanto, debemos ser más conscientes de cómo nuestras acciones afectan el entorno natural y, gracias a ello, reconsiderar cómo podemos contribuir a la preservación y protección de toda la creación como parte de nuestro compromiso espiritual con el pacto divino.
Es por ello que, al recordarnos que todas las criaturas vivientes salieron del arca junto con Noé, se nos subraya que la vida se encuentra en miles de formas y que cada una de ellas tiene una conexión intrínseca entre los seres humanos y el resto de la creación. Por lo tanto, la expresión “toda alma viviente” (כָּל-נֶפֶשׁ הַחַיָּה, kol-nefesh hachayah) dentro de ese pacto divino reafirma nuestra interdependencia.
Como humanidad, tenemos, por ende, la responsabilidad sagrada hacia esos entornos naturales, siendo la vida animal, representada por los “pájaros”, “ganado” y “animales de la tierra”, parte del orden divino. Los seres vivientes “הַחַיָּה” (hachayah), con un valor gemátrico de 23 (ה=5, ח=8, י=10), representan la energía de vida que nos llama a propender por su bienestar, ya que esa armonía está estrechamente ligada al bienestar general espiritual que parte del plano físico de nuestra humanidad.
La idea de plenitud conlleva la necesidad de que todas las formas de vida sean respetadas y protegidas como parte de la creación divina, para que ese pacto que se extiende a ellas se cumpla de forma íntegra e integral, respetando así el orden divino.
Además, el valor gemátrico puede ser visto como un número que simboliza vida y energía. La repetición de la importancia de la “vida” en el versículo nos recuerda que todas las criaturas tienen un lugar dentro del plan divino.



