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Mi Parashá – Génesis 10:12

La ciudad de Resén, ubicada entre Nínive y Calaj, descrita como “la gran ciudad”, sugiere su importancia y su influencia en la región. Resén (רֶסֶן), ר (Resh) = 200, ס (Samej) = 60, נ (Nun) = 50, tiene un valor gemátrico de 200 + 60 + 50 = 310, asociado con el concepto de “אור הגנוז” (Or HaGanuz), la “luz oculta”. Esto simboliza la sabiduría y el conocimiento profundo, lo que tal vez proyecta a Resén como un centro de conocimiento o un lugar donde se preservaban enseñanzas espirituales importantes, distinto a lo que hoy en día entendemos por centros educativos.

Resén (רֶסֶן) también está vinculado al concepto de recompensa divina, “sejar tov” (שכר טוב), que se traduce como “buen mérito” o “recompensa justa”. Esto sugiere que, geográficamente, Resén tenía una connotación espiritual relacionada con la justicia y la recompensa, lo que, aunque a veces pueda diferir de la realidad histórica, no contradice la visión divina, que siempre espera que seamos responsables con nuestros dones, habilidades y propósitos.

Nínive (נִינְוֵה), con un valor gemátrico de 121, está asociado con estabilidad y estructura. Proyectada en las Escrituras como una ciudad poderosa y central en la región, Nínive simboliza estabilidad y orden en un contexto de poder y civilización. Desde la gematría, el número 106 se relaciona con la disciplina o el juicio, reflejando cómo, al igual que Nínive se arrepintió y fue salvada del juicio divino en la historia de Jonás, nosotros también tenemos esas posibilidades de redención.

Por su parte, Calaj (כָּלַח), con un valor gemátrico de 58, que se reduce a 13 y luego a 4, simboliza estabilidad y estructura. Esto no solo refleja una ciudad fuerte y estable, sino también cómo nosotros debemos contribuir con nuestros esfuerzos al crecimiento del reino celestial. Este concepto se vincula con la vida y el sustento (“מזון”), sugiriendo que Calaj podría haber sido un lugar de provisión y sustento material y espiritual.

La “gran ciudad” (הָעִיר הַגְּדֹלָה), con el énfasis en “הגדולה” (grande), tiene un valor gemátrico de 49, que está asociado con los 49 días del conteo del Omer. Esto nos llama a pasar por periodos de purificación y preparación espiritual, con el fin de alcanzar un crecimiento integral.

Estas reflexiones nos invitan a ir más allá de los espacios geográficos y buscar ese equilibrio interior que nos llama a ser justos. Nuestra recompensa, tanto espiritual como material, se encuentra no solo en el más allá, sino también cuando logramos un balance entre la disciplina y el sustento. Este equilibrio nos permite alcanzar una “gran ciudad” interna, un estado de paz y justicia.

Aprender a gestionar las dificultades simbolizadas por Nínive para nuestro bienestar (Calaj), que no es solo material, debe inducirnos a buscar esa recompensa significativa (Resén) para nuestras vidas. Aunque esta recompensa tiene aspectos emocionales y terrenales, son solo indicadores espirituales que nos deben llevar hacia un crecimiento integral permanente, el propósito de nuestro paso por estos procesos terrenales.

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