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Mi Kabbala – Iyar 25, 5785 – Viernes 23 de mayo del 2025.

¿Cambios?

El Texto de Textos nos revela en Génesis 32:28, “Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel;[b] porque has luchado con el Creador y con los hombres, y has vencido”.

Todos los nombres (שֵׁם, shem) contienen unos significados específicos, no solo para quienes nos llaman por estos, sino para nosotros mismos como portadores de esas características. Fusión de letras que incluso en su esencia proyecta esa nuestra historia de vida, por lo que al ocuparnos de los profundos significantes de estas denominaciones, podríamos adquirir nuevos elementos que describen además de nuestros rasgos y carácter, de nuestro propósito, ese que contiene nuestra esencia siendo así capaces de identificarnos con la simbología que nos aporta cada signo lingüístico.

Para el pueblo Judío cada nombre tiene una relación estrecha con el Creador y esa dimensión superior, relación espiritual que conlleva la motivación de cumplir con ese plan allí descrito, caracteres que promueven una identidad y que nos propone incluso algunas de las vivencias que nos pueden conducir a cumplir con nuestra predestinación como hijos, es por ello que a algunas personas se les da un nombre nuevo, denominación que genera entre otras cosas un cambio en su identidad. Tradición que incluso hoy aún se mantiene, aunque no con esa perspectiva Bíblica en la mayoría de los casos, ya que seguimos alejados de dichas verdades (אֱמֶת, emeth) comunicativas.

Quienes cambian de nombre por gusto, deberían comprender que lo ideal es que sea el mismo Creador quien nos proponga esa trasformación, como lo hizo con quienes siguiéndole necesitaron otro llamado, señal que les provoco incluso el cambio de misión de vida, proceso interior que Él espera en todos nosotros. A Jacob por ejemplo le llamo Israel, cambio que proviene de la palabra hebrea sharit (שרית), que significa luchar y prevalecer, lo que simplemente ratifica que cada nombre contiene ese plan divino en donde como en el caso de Jacob en Peniel, nos reencontremos con Él (Yashar- El ישר-אל) en Israel, nuestro hogar, nuestra tierra prometida, nuestra morada celestial.  

La palabra hebrea yashar (יָשָׁר) significa recto, honesto, honorable, y respetuoso de la ley, lo que bíblicamente implica el comportarnos como personas justas y temerosas de los preceptos y mandatos de nuestro Creador. La raíz akov (עָקֹב֙) proviene de yakov que significa torcido, lo que quiere decir de alguna forma que los creyentes debemos enderezar todo aquello que esta torcido (הֶֽעָקֹב֙) en nuestros comportamientos cotidianos. Batalla diaria que libramos con un cuerpo que como el nuestro nos induce al deseo, al pecado.

Pedro (פטר) como apóstol, nos reitera que cuando se habla de Israel debemos entender que ese Jacob a quien el mismo Creador enderezó, se convirtió en el pueblo escogido a través de su decendencia. Siendo también nosotros los creyentes los llamados a cambiar y dejar de ser torcidos al promover desigualdades en este mundo. Bella perspectiva que adicionalmente nos motiva a darle a nuestro nombre esa certeza de allí se describe nuestra identidad, características dadas por el mismo Creador, que está haciendo de nosotros unas nuevas criaturas conforme a su plan gracias a la guía del Espíritu Santo.

El Texto de Textos nos revela en Juan 1:42, “Entonces lo trajo a Jesús. Jesús mirándolo, dijo: Tú eres Simón, hijo de Juan; tú serás llamado Cefas, que quiere decir: Pedro”. Oremos para que el Creador transforme a diario nuestro carácter e identidad.

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