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Mi Kabbala – Shevat 5, 5786 – Viernes 23 de enero del 2026.

¿Justos? 

El Texto de Textos nos revela en Amos 5:24, “¡pero que fluya el derecho como las aguas, y la justicia como arroyo inagotable!”

Cada letra, signo y símbolo de nuestro lenguaje nos indica algo. Proceso verbal que deriva de la palabra del Creador que con su vibrar moviliza todo. Por ello la letra, Jet (ח) nos proyecta conceptos de justicia, los mismos que desde sus profundos simbolismos nos reproducen: barreras, límites o clausuras: delimitaciones que confrontan nuestras dudas, miedos y angustias, las cuales pueden disminuir en la medida que nuestras expresiones libertinas superen esos desafíos, muros o pruebas. Fuero interior, que nos invita a ir más allá de esos pensamientos milenarios reprogramados con que entendemos el mundo.

Desde dichas señales, Él en su reposo, nos llama reencontramos con nuestra esencia y renacer, fortaleciendo así nuestras expresiones gracias a que nos acogemos a esa simbología celestial lingüística, aplicándola en nuestros conocimientos y experiencias que mal interpretamos como adversidades o sufrimientos cuando no coinciden con unas expectativas que solamente deberían motivar nuestros, dones, destrezas y alegrías, promoviendo una esperanza que nos permita comportarnos justamente gracias a buscar esa armonía y equidad en nuestras vidas, hasta integrarnos (יָ֫חַד, yakjád) a Él.

Valores como la disciplina nos convocan por ende a ser cada día más íntegros, moderados y honestos, propendiendo siempre por mantenernos dentro de ese equilibrio que significa nuestro bienestar, lo que quiere decir que cada letra de nuestro vocabulario, debe fluir con esa palabra divina en pro de superar la fuerza imaginaria del pecado (jet, חָטָא, kjatá), ese que nos separó de Él y que nos lleva a acometer acciones egoístas, todo por seguirnos retroalimentando de esos frutos confusos de nuestros desconocimientos, los mismos que solo nos provocan caos y desequilibrios.

Cada signo lingüístico contiene chispas de Su luz (אוֹת, ot), señales que nos aportan para superar esa barrera que regularmente separa nuestro interior y exterior. Claridad que llama nuestra atención para que sea esa energía divina depositada en nosotros la que nos otorgue los insumos diarios necesarios para mantenernos firmes, haciendo que los preceptos y mandatos sean los que nos indiquen nuestros límites y de esa manera ya no franquear y trasgredir voluntariamente la Palabra del Creador, sino asumir el maravilloso reto permanente de ser guiados por su Palabra y amor.

Quizá por ello Rut (רות) como ejemplo de perseverancia y de amor misericordioso, nos llama a imitarle manteniéndonos firmes en esas visiones que nos llevan a comprender que la justicia se refleja como una balanza que permite determinar, separar y extraer las partes de un todo, en donde cada partícula nos indica que en el bienestar de esos otros están nuestros límites, siendo todos mayordomos de una pequeña parte, lo que a su vez nos invita a aceptar que los otros también tienen derecho sobre las otras partes, perspectiva que se traduce en percibir la vida como una motivación en donde todo tratado o contrato tiene esa fuerza de reunir las divergencias, dando la parte o el mérito a cada uno.

El Texto de Textos nos revela en Tito 3:5, “Él nos salvó, no por nuestras propias obras de justicia, sino por su misericordia. Nos salvó mediante el lavamiento de la regeneración y de la renovación por el Espíritu Santo.”

Oremos para que nuestras palabras invoquen siempre la justicia divina. 

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