
Mi Kabbala – Adar 24 -5786, Viernes 13 de marzo del 2026.
¿Releer?
El Texto de Textos nos revela en Éxodo 24:7, “Luego tomó el libro del pacto y {lo} leyó a oídos del pueblo, y ellos dijeron: Todo lo que el SEÑOR ha dicho haremos y obedeceremos”
El concepto de profeta (נְבִיא), ser inspirado por el Creador: roéh (vidente), nos presenta a esos mensajeros o porta voces que requerimos especialmente en aquellos momentos en que no queremos escuchar los preceptos que nos ha dejado nuestro Creador a través de su Palabra y que pretenden que cambiemos, para no seguir alejados de Él, postura que solo nos genera caos y muerte. Desde esa mirada se cree que el último profeta fue Juan el Bautista, quien anuncio a nuestro Señor Jesucristo, quien es el verbo encarnado que llego a este mundo para rescatarnos, redimirnos y guiarnos, iluminando nuestra conciencia (לֵבָב, lebab) hacia ese nivel trascendente al que pertenecemos.
Los apóstoles, aunque conocieron de primera mano el evangelio solo debían predicarlo, por lo que quienes hoy se colocan esos apelativos, obvian ese legado de servicio que enseña a través de nuestros diarios actos, que el llamado es no solo a estudiar más la Biblia sino a dejar que ese intercesor, el Espíritu Santo, ilumine y abra nuestro entendimiento para que no sigamos haciendo amañadas interpretaciones de Su palabra, a nuestra conveniencia, cuando está claro que hacemos parte del mundo del engaño, del pecado y que por lo tanto, terminamos creyéndole más al engañador (מִרְמָה, mirmah), quien burlándose de nuestras predicas permite que distorsionemos los mensajes divinos.
Los textos sagrados enfatizan en que nos congreguemos a leerla en grupo, rol que cumplen distintas denominaciones religiosas, sin embargo, ello nos llama es a vivirla, sirviendo fraternalmente, logrando que esos preceptos y mandatos se irradien a través de nosotros en todos nuestros entornos, convirtiéndonos en influencia positiva para estos, por lo que atendiendo incluso los ritos del pueblo judío deberíamos simplemente apropiarnos de la expresión (ָּסוּק, pasuk) para lograr que cada quien gracias a esa cercanía con el Espíritu del Creador sea guiado por esa voz celestial que ilumina nuestras búsquedas.
Conceptos que como el de Maftir (מפטיר), nos invitan a escuchar a aquella persona que hace la lectura de la Torá, no solo en el Shabat, seres que nos aportan en esos momentos en donde necesitamos mas que ritos, espacios en donde debemos atender lo que allí se nos revela (Tisha b’Av) nutriéndonos de esos mensajes, porción (haftará) Bíblica, que como enseñanza nos habla de sus propósitos, los cuales nos recuerdan esos Nevi’im o profetas que irradian sus advertencias en pro de nuestro crecimiento integral.
Desde Moisés se nos recitan dichos textos, los cuales nos bendicen y alimentan nuestras vidas y entornos, siendo hoy su relectura una posibilidad para que coloquemos ese Su amor en práctica, hasta darle a esos libros proféticos (Haftará, הפטרה)un tinte de prioritarios, ya que nos llevan a mejores conclusiones, lo que implica que por lo menos cada Sabbat nos permitamos meternos de lleno en estas autovaloraciones interiores para identificar aquellos aspectos en que estamos errando, corrigiendo estos gracias a dicho manual de vida que nos llama a la permanente oracciòn.
El Texto de Textos nos revela en Apocalipsis 1:3, “Bienaventurado el que lee y los que oyen las palabras de la profecía y guardan las cosas que están escritas en ella, porque el tiempo está cerca. Oremos para que cada relectura Bíblica guie de manera más consciente nuestros nuevos pasos.
Oremos para que cada relectura Bíblica guie de manera más consciente nuestros nuevos pasos.



