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Mi Kabbala – Adar 25, 5786 – Sábado 14 de marzo del 2026.

¿Juicio?

El Texto de Textos nos revela en Deuteronomio 7:16, “Y consumirás a todos los pueblos que te da Jehová tu Creador; no los perdonará tu ojo, ni servirás a sus dioses, porque te será tropiezo”.

La Biblia nos habla inicialmente de la Creación del universo y de cómo todo se hizo a través de la Palabra de nuestro Creador, quien pronunció una orden y las cosas simplemente se hicieron realidad. Nada existía todavía y desde lo vacío y oscuro, su voz repentinamente exclamó (iehi or, יְהִי אוֹר, ¡Que se haga la luz!) e instantáneamente, una explosión de luz irrumpe la contracción cósmica, por Él mismo generada y el espacio se iluminó con sus chispas de Luz, para que durante los siguientes seis días, Él continuara creando a través de sus palabras: decretando.

Esa misma narración nos habla más adelante de la desobediencia del hombre después de que fuere creado y desde allí de un mensaje del Texto de redención, el cual aunque no pareciese esperanzador producto de nuestro pecado y de la lejanía de recrearnos en esa misma Palabra, nos lleva a que en medio de ese nuestro confuso y finito lenguaje, podamos decidir si queremos aceptar Su voluntad o imponer la nuestra, razón de peso para que los profetas y sus mensajes nos hablan de arrepentirnos o de lo contrario, someternos un día al juicio final (מִשְׁפָּט, mishpat).

Quizá por ello algunas personas nos hablan del ojo del Creador, el cual ahora nos observa y juzga con misericordia, mientras espera nos acogemos a Su palabra. Ojo (ayin, עין), que es mas que un órgano físico y que mas bien representa desde un contexto más profundo todo ese simbolismo original que nos invita a mirar muy bien nuestras palabras, pensamientos y actos, intentando que sea la Luz del Creador la que ilumine nuestras oscuridades para así no seguir conviviendo con nuestros pecados.    

Hay un tribunal que nos enjuiciará y para el cual, su condena, parece no puede compararse siquiera con el exilio del pueblo Hebreo, que siendo doloroso y prolongado no logrará menguar el castigo y la dispersión que ese pueblo tuvo que sufrir, al igual que nosotros por nuestro pecado, debiendo ser nuestro el anhelo de todos, el regresar a la Tierra prometida ahora con corazones más puros. Paraíso, para lo cual debemos pasar por ese juicio de redención en donde contamos con el mejor abogado, y el mejor guía (hora, יָרָה, enseñar), quien ilumina (eará, אוֹר) nuestro entendimiento si tenemos fe en Él.

Como alfarero (יֵ֫צֶר yetsér – yatsar יָצַר) Mesías (savoir) y maestro (rabí), nos llama a comprender que fuimos creados a través de Su Palabra y que esta ilumina nuestras vidas en pro que nos dejemos guiar por ella y por lo tanto, cuando nos tengamos que someter al juicio final alcancemos esa tranquilidad de saber que seremos declarados salvos, simple y llanamente porque ese ojo misericordioso de nuestro Señor Jesucristo, a través de su Espíritu, nos dio el entendimiento suficiente para no seguir coexistiendo en el oscuro mundo de nuestros pecados, fruto no solo de nuestras desobediencias sino del mal uso de nuestra boca profiriendo maldiciones cuando se nos llamaba a alabar y bien decir.   

El Texto de Textos nos revela en I de Corintios 6:9, “¿No saben que los malvados no heredarán el reino de Altísimo Creador? ¡No se dejen engañar! Ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los sodomitas, ni los pervertidos sexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los calumniadores, ni los estafadores heredarán el reino del Creador”.

Oremos para llegar al juicio salvos por la Fe en Jesucristo.

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