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Mi Kabbala – Adar 6, 5786 – Lunes 23 de febrero del 2026.

¿Predestinados?

El Texto de Textos nos revela en II de Crónicas 15:1, “vino el Espíritu del Creador sobre Azarías hijo de Obed, y salió al encuentro de Asa, y le dijo: Oídme, Asa y todo Judá y Benjamín: Jehová estará con vosotros, si vosotros estuviereis con Él; y si le buscareis, será hallado de vosotros; mas si le dejareis, Él también os dejará”.

Cada letra como símbolo dentro de nuestro lenguaje y los imaginarios que desde allí consolidamos, en esa fusión comunicacional nos ofrece diversos significados, es por ello que símbolos Hebreos como Yod (י), décima letra en dicho alfabeto original, nos da la idea de destino, de una rueda de la fortuna, del azar, la suerte o lo caprichoso y hasta arbitrario que a veces se impone en nuestras vivencias, sin embargo también nos habla de aprender, de recibir unos saberes dentro de esa gran rueda, de crecimiento, incluso de un velo, de un plan al que debemos acceder confiando en la guía del gran maestro.

Simbología que con sus cambios cíclicos nos aporta siempre una nueva orientación al respecto de ese “destino”, el cual contiene desafíos que nosotros decidimos el cómo abordarles para ese mejoramiento y transformación. Al Asumir esa incertidumbre e inestabilidad con sus cambios (naflah, נָפְלָה) debemos enfocarnos en Él y sus aportes para que nuestras expectativas que son las que realmente nos generan sufrimientos innecesarios no nos llenen de más ilusiones efímeras mercantiles, ya que ello no tiene nada que ver con ese proceso de mejoramiento divino al que debemos someternos.

La Yod, mirada desde nuestras manos (יָד, yad) presenta esos diez senderos en donde se nos ofrecen posibilidades de actuar y toda una diversidad de decisiones que generan unas interacciones, las cuales nos incitan a la unidad con Él, lo que quiere decir que cada supuesto error es una posibilidad de recomenzar, de reorientarnos hacia el plan de nuestro Creador, quien a través de su Palabra nos guía. Llamado constante a la renovación, en donde cada nuevo conocimiento nos aporta los insumos necesarios para no desfallecer.

La Yod, como creyentes, nos da además la idea de arrojar, de lanzar (shalak, שָלךְ), de usar nuestras manos coherentemente para enfocarnos en ese amor que nos entrelaza como hermanos, se trata de abrazarnos, si de mantenernos en esa línea en donde necesitamos integrarnos como próximos, de allí la importancia de la oración, de mantener una actitud de plegaria, de esperanza frente a Sus propósitos para que de rodillas y en el suelo nos entreguemos plenos, dirigiendo nuestra manos hacia el cielo, accediendo así a Su bondad, la misma que nos permite irradiar Su esencia en todos nuestros entornos.

Cada letra como chispa de luz divina, por lo tanto, nos habla de Él y de cómo sus bendiciones como tal nos otorgan la buena fortuna (Mazel Tov, מזל טוב)  de sabernos guiados, lo cual poco tiene que ver con una estrella de la suerte u otros ritos especiales, sino con la búsqueda personal responsable de colocar nuestros dones al servicio de la creación, asumiendo con ello la diaria tarea de ser fieles a ese rol inter relacional, para el cual fuimos asignados por Él mismo y que pretende que propendamos por la armonía y unidad de todos. Postura que muy pocos entienden y que casi siempre por nuestros egos nos lleva a distanciarnos más y más de esa buena fortuna, de ser sus hijos.

El Texto de Textos nos revela en Filipenses 4:19, “mi Creador, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”.

Oremos para que nuestra buena fortuna sea el ser guiados por Él.

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