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Mi kabbala – Av 27 – domingo 1 de septiembre del 2024.

¿Milenio?

El Texto de Textos nos revela en Génesis 2:3, “El Creador bendijo el séptimo día, y lo santificó, porque en ese día descansó de toda su obra creadora”.

Hay diversas explicaciones respecto de por qué el epicentro de la actividad sanadora de nuestro Señor Jesucristo fue la sinagoga de Cafarnaún. Aunque se ha hablado mucho sobre este lugar, vale la pena enfatizar que esa sinagoga, o beit knesset (בית כנסת) en hebreo, como casa de reunión, era el espacio donde los judíos galileos se reunían a orar, dado que el viaje al Templo en Jerusalén era muy largo. Este espacio nos invita, como creyentes, a ser firmes en nuestras oraciones y a depender de ellas como fuente de cercanía y comunicación con nuestro Creador.

La oración (lehitpalel, לְהִתְפַּלֵּל), que como enseñanza clave se realizaba antes de la concreción de algún milagro, fue esencial en hechos como la sanación del hombre que tenía el espíritu impuro. Este y otros acontecimientos han sido ratificados por la arqueología, al encontrar intacto el edificio donde, según los evangelios, ocurrieron estos hechos. Esto nos llama a observar las sinagogas o iglesias no solo como lugares de culto, sino también como escuelas donde aprender y enseñar sobre la palabra del Creador, enfocándonos en la oración como la herramienta que más debemos usar para nuestro crecimiento integral.

Las iglesias (knesiya, כְּנֵסִיָּה), como grupos de oración, además de contribuir a nuestro aprendizaje sobre la Biblia como manual de vida, nos piden que atendamos dichas instrucciones morales para aprovechar cada instante, especialmente el séptimo día, Shabat o día de reposo, como ese espacio de reencuentro que alinea nuestras vivencias diarias con Él. Quizá por ello, ese día de descanso se considera santificado dentro de ese objetivo que, como llamado, implica acercarnos al Creador, escuchando Su palabra y dejando que esta nos guíe a cada instante.

Todos los días son para nuestro Creador, pero ese día santo nos llama a dedicarnos más a Él, ya que es la mejor forma de ordenar nuestras vidas. Al escuchar la Palabra del Creador, con sus mandatos y preceptos como eje central de nuestras experiencias, podemos confirmar nuestra alianza (brit, בְּרִית) con Él y asumir el pacto de Él con nosotros. Esta fecha es también una oportunidad para conmemorar nuestra creación, al sabernos parte de tan magnánima obra, como sus hijos, acogiendo el profundo significado profético de ese séptimo día, que nos llama a regresar a nuestro origen al lado de nuestro Creador quien nos espera al descansar de Su obra para que disfrutáramos de ella.

En Shabat, además de cantos, Salmos y oraciones, debemos descansar de nuestras labores, ya que la misma creación, en ese día eterno, encontrará su descanso. Es por eso que el calendario nos habla de seis milenios de historia, según el calendario judío, que culminarán con el séptimo milenio de descanso, conocido como la era mesiánica, que comenzará en el año 6000 según el calendario hebreo. La palabra Shabat (שַׁבָּת) gramaticalmente significa “cese” o “descanso”, y representa la mayor esperanza para vislumbrar nuestro descanso eterno al lado de nuestro Mesías.

El Texto de Textos nos revela en Hebreos 4:11, “Esforcémonos, pues, por entrar en ese reposo, para que nadie caiga al seguir aquel ejemplo de desobediencia”.

Oremos para poder reposar a diario en el Creador.

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