
Mi Kabbala – Elul 15, 5785 – Lunes 8 de septiembre del 2025
¿Arca?
El Texto de Textos nos revela en Éxodo 25:22, “Y de allí me declararé a ti, y hablaré contigo de sobre el propiciatorio, de entre los dos querubines que están sobre el arca del testimonio, todo lo que yo te mandare para los hijos de Israel”.
El Arca del Pacto (אֲרוֹן הַבְּרִית, Arón HaBerit) contenía las Tablas de la ley, la manifestación física de esa Luz divina que Moisés percibió en el monte Sinaí, y que se concretaron en dos piedras, las cuales solo el Sumo Sacerdote podía ver. Arca de la Alianza, que como mensaje central nos indica que en Su sabiduría se encuentran todas las respuestas y que en Él reposa todo el conocimiento y la información, por lo que solo es necesario comunicarnos con Él a través de la oración, lo cual se deduce al traducir dicho término hasta entender que la “palabra” o el “lenguaje”, que esta en el Arca nos proyecta ese poder de Su voz la cual mueve lo creado y lógicamente al ser humano.
Arca, en forma de caja, que tenía en su parte superior dos querubines: ángeles o pájaros (Kruvim, כְּרוּבִים) que la cubrían con sus alas, simbolizando ese refugio espiritual que nos llama a la transformación interna, siempre que nos guiemos por el lenguaje divino en busca de su protección y salvación. En la gematría, la palabra תֵּבָה (tévah) tiene un valor de 407: ת (Tav) = 400, ב (Bet) = 2 y ה (He) = 5 (4 + 0 + 7 = 11), número que está relacionado con la conexión entre lo divino y lo terrenal, y con el concepto de profecía o inspiración divina, ya que, a través de Su palabra, recibimos esa orientación divina que es indispensable para poder superar los diluvios terrenales que como pruebas nos agobian.
Ver en el Arca ese refugio espiritual de transformación interna nos permite comprender que ese espacio sagrado se conserva y se nutre dentro de nuestro propio ser. Tal vez por ello, Noé nos mostró que dentro del arca, Él protege a la humanidad y a lo creado, buscando la regeneración de todos aquellos que encuentran refugio en lo divino. Para ello, debemos corregirnos y ascender hacia Él, volver al cielo (שָׁמַיִם, shamayim), próximo nivel en dondecon Su voz, nos reitera que es a través de Su Espíritu, que podemos ser guiados y reconectarnos con Su sabiduría y esa Su esencia.
El Arca del Pacto nos reitera de esa presencia del Creador no solo en ese pequeño espacio, sino en todo lo creado. Su Luz debe guiarnos para que, al obedecerle y asumir sus mandatos y preceptos, dichos destellos nos orienten más allá del cielo físico que vemos sobre la Tierra, en donde las mismas nubes y el firmamento (רָקִיעַ, rakiá), nos hablan de como Él nos cubre por ende que no hay un lugar en donde Èl no habite, lo que se traduce en que somos parte de Su plan y que nuestro destino es estar en Él y por Él, llamado a confiar plenamente en Él.
El Arca original está escondida en las profundidades del templo, del cual hoy solo queda el muro, según afirman algunos sabios, razón de peso para creer que se podría acceder a esta a través de unos pasajes subterráneos que mandó construir el mismo rey Salomón al diseñar el primer templo, con el fin de que no fuera tomada por quienes invadieran Jerusalén, perspectiva que nos llama igualmente a asumir que la nueva alianza (בְּרִית berit) se nos entregó gracias a la sangre del cordero: nuestro Señor Jesucristo, quien nos redimió.
El Texto de Textos nos revela en Gálatas 3:25, “Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo, 26 pues todos sois hijos del Creador por la fe en Cristo Jesús”.
Oremos para que el Creador nos hable al oído para corregir nuestros errores.



