
Mi Kabbala – Kislev 13, 5785 – Viernes 13 de diciembre del 2024.
¿Cruzar?
El Texto de Textos nos revela en Isaías 60:11, “tus puertas estarán de continúo abiertas; no se cerrarán de día ni de noche, para que a ti sean traídas las riquezas de las naciones, y conducidos a ti sus reyes.”
Los creyentes aceptamos que nuestro Señor Jesucristo es la puerta y el camino para retornar al cielo, con todo y ello, parece que no entendemos el cómo cruzar por dicho espacio estrecho generando contradictoriamente con nuestras acciones el cierre de esta, siendo necesario que comprendamos gracias al alfabeto Hebreo y su cuarta letra Dalet ד, que representa no solo la estabilidad de la creación, proveniente de Bet, sino la penetración en la materia densa que empobrece la luz o sea el Infinito, en Dalet, que dicha puerta solo se puede cruzar gracias a esa Fe, que se denota amando a nuestros próximos.
Perspectiva que nos induce además a visionar ese cuarto día de la creación y su correspondencia: frente a la aparición de la luz, ciclo que permitió las estaciones con los días y los años, proceso temporal que separó la luz de las tinieblas, relacionando así las funciones de la materia con sus cuatro elementos, fragmentación de su esencia, por lo cual Dalet, nos indica que hay un lugar para todo en donde cada uno de nosotros debemos crecer, espacio terrenal que nos lleva a asumir el proceso de crecimiento integral a través de una familia, una sociedad, hasta cruzar, ivrí ,עברי ese umbral hacia el cielo.
Ciclos que nos forman y nutren, que nos hacen crecer, que nos delimitan el camino, que nos llevan a tomar consciencia de Su voluntad y las contingencias de nuestro pecado, necesitando de esas restricciones, las mismas de las que nos hablan nuestros signos lingüísticos que con su trazado nos dan las señales de ese equilibrio que se requiere para cruzar esa puerta, la que en su dintel esta roseada por la sangre del cordero, objetivo principal de habitar nuestras casas: reconocerle, ver en Dalet, Su luz la cual nos proyecta ese cambio de ambiente que nos conduce hacia el cielo, maim, מָים.
Mardoqueo, מָרְדֳּכַי, en aquella puerta orando por Ester, nos llama como creyentes a percibir a través de Dalet esa toma de conciencia, dejando de observarnos en el exterior de una casa para hacerlo desde su interior, cruzando así esa puerta celestial que contiene las fuerzas del infinito, lo que como analogía nos reitera que debemos visionar en nuestros labios y boca también esa apertura celestial, para dejar de mal decir y percibirnos iluminados por Él, ya que su Luz se refleja en todo. Lo que nos reitera que no es coherente que nuestra pobreza, indigencia y debilidad sean las que cogobiernan este mundo egoísta.
Vivimos cerrando puertas, retirándonos, alejándonos, sometidos a una especulación racional en vez de fluir con su fuerza espiritual, Fe, que le da a nuestras subjetividades luz, hasta desapegarnos de lo material, denotándonos que hacemos parte integral de toda una creación que en sus diferentes dimensiones nos invita a salir de la oscuridad de la caverna mental en la que nos encontramos y asumir Su salvación, יֵ֫שַׁע, yesha, redención, que abre las ventanas de nuestros ojos y corazones para que hagamos a un lado: dudas, críticas, juicios, quejas, reclamos o sentimientos adversos, llenando ese vacío existencial de Él permitiéndonos así cruzar esa puerta estrecha que y retornar a nuestro estado original.
El Texto de Textos nos revela en Juan 10:9, “Yo soy la puerta; el que entre por esta puerta, que soy yo, será salvo”.
Oremos para que nuestra boca solo se abra para bien decir de todo y de todos.



