Back

Mi Kabbala – Kislev 20, 5786 – Miércoles 10 de diciembre del 2025

¿Suponer?

El Texto de Textos nos revela en Levítico 26:12, “Andaré entre vosotros y seré vuestro Creador, y vosotros seréis mi pueblo”.

El desorden y el vacío (Tohu va-bohu, תֹ֙הוּ֙ וָבֹ֔הוּ) son de alguna forma las primeras expresiones Bíblicas que más especulaciones y suposiciones nos generan al no comprendernos como fragmentos de la contracción divina a través de la cual fuimos creados. Somos esencia divina, partículas lumínicas de las cuales debemos hacernos conscientes en pro de integrarnos a Él voluntariamente y así llenar ese todo, visión que distorsionadamente obviamos tras una “realidad”, que por nuestros desconocimientos nos mantiene desconectados de nosotros mismos, perpetuándonos en unas desorientaciones con las cuales vivenciamos y evaluamos nuestras vidas.

Todo tiene un orden (עָרַךְ, arak) pero nuestra lejanía con Él producto de ese nuestro pecado hizo que pasáramos de lo ilimitado e infinito del YO SOY, a lo limitado y finito de nuestro Yo exterior: egocentrismo que implica que vivamos confundidos y por ende fluctuando en nuestro vacío solitario existencial, ese que nos sofoca y que se percibe más grande y poderoso de lo que es, siendo quizá esta la razón fundamental para que vivamos de deseos e ilusiones engañosas, metidos en una especie de caverna mental en donde nos proyectamos hacia un exterior alucinante que solo llenamos con especulaciones.

Hoy conocemos todo tras dicho velo (סוה, sawah), tenebroso que cubre todo con un Yo ilusorio fragmentado, que aunque desea debe unificarse gracias a esas chispas de luz, mantiene su imaginación alejado de esa Su Luz, mientras nos vinculamos con diversos tipos de espectros que percibimos como  partes, distrayendo nuestra visión en esos objetivos que cual luminarias artificiales solo nos separan aún más de todas las posibilidades que podemos encontrar a diario, cuando nos proponemos reenfocarnos interiormente en Su palabra, la cual resignifica nuestra alma y sus propósitos.

La vida nos llama a santificarnos (mekuddash מקדש) a vincularnos con todo y con todos a través del amor, para lo cual debemos superar todos esos escenarios emocionales que se alimentan de ideas fragmentadas al respecto de la vida, lo cual nos motiva a cada instante a ir consolidando a través de esas búsquedas espirituales el conocemos, para luego reconocernos como Sus hijos, y desde esa mirada poder reencontrarnos con nuestra esencia y a través de ella ir concatenando voluntariamente todo ese sistema articulado al que pertenecemos y al que nos debemos.

Roboan (רְחַבְעָם‎, Rəḥaḇʿām) como hijo de Salomón, es el mejor ejemplo de cómo las búsquedas materiales no hacen débiles, ampliando nuestro vacío existencial con solo ilusiones, más cuando nos dejamos guiar por esos satisfactores intrascendentes que solo nos encadenan a placeres temporales que desvían nuestros instintos, cuando solo debemos amar y vincularnos con esos otros, reintegrándonos al todo, sabiéndonos partes aportantes de un plan general celestial de retorno, a través del cual por fe se requiere el dejarnos guiar por la Palabra, dejando de ser esos hijos pródigos desobedientes.

El Texto de Textos nos revela en I de Tesalonicenses 5:9, “Porque no nos ha puesto el Creador para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo, 10 quien murió por nosotros para que ya sea que velemos, o que durmamos, vivamos juntamente con Él. 11 Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis”.

Oremos para que pronto nos demos cuenta de quiénes somos.

Leave A Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *