
Mi Kabbala – Kislev 28, 5786 – Jueves 18 de diciembre del 2025
¿Hablar?
El Texto de Textos nos revela en Génesis 11:9, “Por esto fue llamado el nombre de ella Babel, porque allí confundió el Creador el lenguaje de toda la tierra, y desde allí los esparció sobre la faz de toda la tierra”.
Desde el momento en que fuimos creados se nos permitió contar, a imagen y semejanza de nuestro Creador, con la capacidad verbal de crear, lo que se traduce en utilizar nuestras palabras para consolidar con ellas una realidad: narración, que le da a nuestra lengua (לשון) esa posibilita de nombrar lo que está a nuestro alrededor, identificándonos con esa imagen a la cual le damos vida, sentido y significado, gracias a esos conceptos en que nos recreamos, consolidando así unas vivencias que compartimos como coexistencias.
Conceptos como Davar: (דָבָר) nos hablan de objetos que nacen de ese lenguaje, el mismo que desde Adam nos permitió llamar todas las cosas; nombrarlas, consolidando desde aquel entonces unos imaginarios con los cuales proyectamos una especie de hologramas mentales, que nuestra alma interpreta como reales, proyecciones que con sus reflejos articulan esas moléculas de luz reproduciendo aquello que estamos recreando a través de nuestra narración y sus decodificaciones lingüísticas, lo que implica que esas acciones exteriores no son ajenas a nuestro mundo imaginario interior.
El mismo Creador nos pide tener mucho cuidado con nuestras intenciones, las cuales forjan palabras (Lashon Hará, לשון הרע: lengua del mal), esas que producto de un orgullo egocéntrico nos llevó a identificarnos alejados del mismo Creador, razón de peso para que desde la Torre de Babel viviéramos confundidos y cayéramos en el sin sentido de nuestros lenguajes finitos con los cuales no podemos explicar lo infinito e ilimitado de la Creación, lo que implica que nuestra capacidad de recrearnos en lo creado es limitada y depende del lenguaje, llamado para darle nuevos nombres más apropiados a aquello que reproducimos como información para no seguir prolongando confusiones.
La palabra babel (בבל) proviene de la misma raíz que el concepto, balal (בלל) que significa confundido, por lo que lo ideal sería que aceptando que hemos vivido engañándonos con nuestras interpretaciones de la vida, fruto de estar alejados del vibrar de Su Palabra, nos permitamos el acercarnos a Él a través de ese lenguaje, dejando que Él nos guie y nos revele sus propósitos, así como los nombres de lo creado, Palabra que nos forma para que podamos vivir conforme a lo que Él determinó desde el momento que con esa Su Palabra nos permitió recrearnos en Su obra.
El mismo Texto de Textos que fue creado para mostrarnos nuestra historia, nos reitera que nuestra lengua debería alabarle: aleluya (הללויה, Alelu הללו y Yah יה), llamado grupal que nos lleva a exaltarle como Creador (YHVH יהוה) a través de ese nombre sagrado que no deberíamos siquiera pronunciar y que solo nos incentiva a dejamos guiar por sus preceptos y mandatos, siendo entonces lo más grato el adecuar nuestra voluntad a la suya para no seguir confundiéndonos en la confusión de Babel, afectándonos al recrearnos en nuestros anhelos banales, esos que van incluso en contra de Su Palabra.
El Texto de Textos nos revela en I de Corintios 2:14, “Pero el hombre natural no acepta las cosas del Espíritu del Creador, porque para él son necedad; y no las puede entender, porque se disciernen espiritualmente”.
Oremos para que nuestro lenguaje este acorde a la Palabra del Creador.



