
Mi Kabbala – Nisán 2, 5786 – Viernes 20 de marzo del 2026.
¿Transfigurarnos?
El Texto de Textos nos revela en II de Reyes 2:11, “y aconteció que yendo ellos y hablando, he aquí un carro de fuego con caballos de fuego apartó a los dos; y Elías subió al cielo en un torbellino”.
La materia (חומר, joner) está formada por moléculas y partículas de energía que con sus elementos y sustancias se integran químicamente, siendo lo espiritual el proceso imperceptible que le da movimiento a todo, no perdamos de vista que coexistimos en varias dimensiones, sistemas que con sus intercambios permanentes de información nos transforman permanentemente, lo que nos llama a atender y entender que esa movilidad universal se debe a un Creador que con su Voz y Luz irradia todo lo que existe, lo que implica hacernos consientes de cómo integrarnos voluntariamente a esa Su armonía.
Cambios (שינוי) constantes que nos hablan de la forma como afectamos todo con nuestro libre albedrio, aprendizaje que implica una reparación (tikún) o corrección, que cual trasfiguración dentro de esta corta experiencia terrenal en donde nuestras actuales sesgadas y limitadas percepciones y nuestra lógica mundana nos llevan a obviar lo inmaterial, lo eterno, incluso que todos esos intercambios constantes nos trasforman y que es preciso que nuestra esencia, alma, se reencuentre en ese proceso de crecimiento integral lumínico que inicia en esta dimensión alucinante de las formas, la cual nos presenta la vida alejada de Él, obviando que está en esa energía materializada, por lo cual vivimos desarticulados de esas otras dimensiones con las cuales también coexistimos.
El mensaje de nuestro Señor Jesucristo, de la Ley, de los profetas y de la misma naturaleza nos invita a que nos unamos (naflah, נָפְלָה), nos trasformemos, nos trasfiguremos, a que resignifiquemos todos los conceptos que le dan sentido a la vida, especialmente el del amor para entender a través de este; la salvación, la misma que históricamente aunque ha cogobernado nuestros pensamientos, hemos obviado al distraernos en otros intercambios de información imaginarios de los que también somos parte, pero que nos desenfocan de esa nuestra esencia haciéndonos que sea lo terrenal lo que lidere apartes de nuestros sistemas y con ellos, no logremos ese crecimiento integral y holístico.
Toda trasformación implica que como creyentes nos busquemos y vinculemos, entendiendo nuestras responsabilidades y deberes espirituales, como un canal que nos posibilita el reconocernos como hijos del Creador y así gracias a ello, nos dispongamos a elevarnos por encima de todas esas ilusiones banales mercantiles que nos debilitan y simplemente nos aíslan más de dichos propósitos divinos y por ende, de nuestros próximos, con los cuales estamos en permanente conexión (קֶשֶׁר, kesher) así no queramos entender ello.
La sefirot Maljut (מלכות, Shejiná, שכינה) nos llama a esa transformación que cual trasfiguración implica comprender la vida aquí y ahora como eterna, siguiendo a quien se hizo hombre para mostrarnos a través de todas esas enseñanzas que no hay contradicciones y que lo que no nos permite vislumbrarnos como seres de Luz son solo llamados de atención para no desfallecer y crecer, lo que quiere decir tener en claro que, en algún momento pasaremos a otros intercambios dentro de esta eternidad, unos diferentes a estos, físicos, de los cuales Su Espíritu hoy nos da señales.
El Texto de Textos nos revela en Lucas 9:32, “y Pedro y los que estaban con él estaban rendidos de sueño; más permaneciendo despiertos, vieron la gloria de Jesús, y a los dos varones que estaban con Él”.
Oremos para que a diario el mensaje de Jesús nos transforme.



