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Mi Kabbala – Shevat 15, 5786 – Lunes 2 de febrero del 2026.

¿Redención?

El Texto de Textos nos revela enÉxodo 13:13, “Mas todo primogénito de asno redimirás con un cordero; y si no lo redimieres, quebrarás su cerviz. También redimirás al primogénito de tus hijos”

Poco comprendemos lo que significa la primogenitura, especialmente porque hemos ido perdiendo el concepto básico de familia, obviando todo lo que ese núcleo social simboliza en pro de nuestro crecimiento integral, responsabilidades que van más allá de unos deberes de consanguinidad y que deberían percibirse como un honor gracias a que se nos da la oportunidad de vivir, de servir, de ser ofrenda para que mas vidas lleguen al mundo, perspectiva que nos habla de redención (פָּדָה, padah) proceso terrenal que nos aleja del pecado de la desobediencia y nos muestra nuestro retorno a la eternidad.

Por lo que un hijo significa un regalo divino para que asumamos ese su rol de padres y podamos denotarle a través de una crianza forjada en Su palabra todo lo que significa el sabernos parte de la familia celestial: Sus hijos, seres que una vez superen el final terrenal de la muerte, retornan libremente a su estado original, habiendo superado todos los desafíos que como pródigos encarnamos, razón de peso para seguir las huellas del segundo Adam: nuestro Salvador Jesucristo, rey supremo de este universo y cabeza (רֹאשׁ rosh) de todo lo creado, quien a través de Su amor nos rescató.

Incluso nuestras costumbres mundanas nos hablan de ser buenos hijos y por ende de ser guiados por Su Espíritu, fe que nos reitera que el Mesias murió por nosotros, razón de peso para que Simeón en el Templo de Jerusalén en el trigésimo día de la vida terrenal de nuestro Salvador, nos dejara como legado la certeza que ese fue un nuevo comienzo para todas las almas que como la nuestra anhelaban esa redención, la misma que a nuestras familias recuperó del sheol (שאול) para llevarnos a todos a la eternidad.

Él es el primogénito (bejor, בְּכוֹר – raíz: BKR, בכר) quien nos rescato, quien creó todo para que a Su imagen y semejanza pudiéramos tener la libertad de amar, es por ello que el apóstol Pablo nos recuerda que Él como primogénito de toda la Creación, nos redimió desde antes de nacer, desde el principio de la Creación, cuando como verbo se hizo carne y se proyectó como Salvador, así que antes de que alguien oyera hablar de Jesús de Nazaret, el plan de nuestro Creador para la humanidad estaba centrado en Su llegada para con ella pudiéramos todos encontrar el camino de retorno.

Qué bello que atendiéramos de una forma más consciente como creyentes todo lo que nos expresan las Sagradas Escrituras y nos dejáramos guiar por el Espíritu Santo para que no nos desviemos con otro tipo de reflexiones que dejan de apuntar a la esencia de todo el evangelio: nuestra salvación (Yeshúa, יֵשׁוּעַ): retorno a la casa de nuestro Padre Celestial. Morada que Él nos preparó desde el inicio con Su primogénito el cual más temprano que tarde debe reinar en nosotros, para que podamos disfrutar de sabernos todos como Él, hijos de nuestro misericordioso Rey Celestial.  

El Texto de Textos nos revela en Lucas 2:27, “Y movido por el Espíritu, vino al templo. Y cuando los padres del niño Jesús lo trajeron al templo, para hacer por él conforme al rito de la ley, 28 él le tomó en sus brazos, y bendijo al Creador, diciendo: 29 Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, Conforme a tu palabra; 30 Porque han visto mis ojos tu salvación, 31 La cual has preparado en presencia de todos los pueblos; 32 Luz para revelación a los gentiles, Y gloria de tu pueblo Israel”.

Oremos para aceptar la redención que nos ofrece Nuestro Señor Jesucristo. 

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